Marcel. No la oigo, me desespera saber que está mal y se mantiene callada, puedo sentirlo, no necesito verla, pero quiero que hable. —El tema está en boca de todos, es mejor que te alejes de las r************* . —Estoy bien—responde con voz tranquila. —Déjame entrar. —Quiero descansar—dice. Suspiro frustrado. —Estaba pálida con la mirada perdida—dice Raúl. —Debe creer que soy un mounstro. —Usted tiene derecho a aspirar justicia. —Sí, pero ¿Qué estoy haciendo con ella? Aspiro aire. —Usted estaba muy seguro. —Ya no Raúl. Ya no estoy seguro, su mano temblaba en la mía, su mandíbula temblaba al hablar, escuché como su cuerpo titiritaba. Estaba fría. No puedo hacerlo esto. —Me alegro. Sabe lo que pienso. Ella no debe pagar por los actos de su padre. —No quiero creer que logró man

