Capítulo 4

1058 Palabras
Mi padre mira feliz los comentarios en los blogs de chismes del corazón, en la prensa rosa: Marcel Manosalva tiene una relación con la hija del gobernador, eso se dice. Sonrío internamente, Marcel me agradó, no es como los tontos amigos de mi padre, es divertido y directo como me gusta a mí. —Mi hija tan joven, tan bonita, siendo vendida como ganado y lo peor es que ella, de descerebrada como es, feliz—dice mi madre con cara de tragedia. —Ella está haciendo una amistad, exageras mujer. —Claro mamá como dice mi padre y si eso termina en matrimonio, pues será porque diosito lo quiere. Me mira incrédula negando. Mi padre me dice que hay un evento de beneficencia, un concierto a beneficio de una función, me pide que invite a Marcel. —¿No debería él invitarme a mí? —¿En este siglo? ¿Te vas a poner con eso? Además el nunca asiste, pídele tu que te acompañe. No dirá que no. Suspiro y pienso que sí, que me conviene actuar rápido antes de que alguna gata se me adelante. Beso a mi padre en la mejilla y lo llamó. —Me alegra saber pronto de ti—dice. —Me pareció que te agradó mi compañía, a mí me agradó la tuya, quiero ir al concierto que organiza la fundación Jiménez—digo sonriendo al teléfono, su voz me gusta. —No acostumbro ir… —Por mí, por nuestra futura alianza. Ríe. —Eres de cuidado —¿Entonces? —Pasaré por ti a las siete. —Te esperaré—cuelgo. Elijo de entre mis cosas un vestido plateada a media pierna y mangas largas, tiene una caída muy sensual sobre mi cuerpo y brilla, sonrío pensando en que él no me vera bien pero al menos verá mi silueta según me dijo, así acomodo mi cabello y mi atuendo de modo que proyecte una silueta sensual, una que se pueda distinguir entre las sombras. Me aplico maquillaje y bajo. —Bellísima—dice mi padre, mi madre niega dejándome ver que no está de acuerdo con lo que hago. —¿Te gusta como recogí mi cabello?—pregunto coqueta. Mi padre ríe satisfecho y asiente. A la hora acordada él pasa por mí. Sus empleados abren la puerta de la limosina para mí, él está dentro sentado sonriendo. Me gustan las atenciones. Me gusta que tenga empleados que se aboquen a servirme, pienso que debería acelerar lo mío con Marcel. —¿Cómo estás está noche Alexis? —Bien, feliz de salir de casa, ¿Y tú? Ríe. —De verdad deseas salir de esa casa ¿No? —Sí Marcel. —Hagámoslo. Pensé que querías un poco más de tiempo, pero para que retrasar lo que sabemos que va a pasar ¿No?—dice con tono misterioso, afirmo con la cabeza, recuerdo que no puede verme. —Sí Marcel. Ya la prensa especula sobre nosotros. Hoy se volverán locos cuando nos vean juntos—digo. —La próxima vez debes lucir ya el anillo de compromiso. Siento que algo estalla en mi pecho de emoción, sonrío como boba y miro por la ventana la ciudad nocturna. Por fin seré libre, por fin seré una esposa. Me abrazo a mí. —¿No dices nada? Milagro—comenta sonriendo. —Estoy feliz. —También eres actriz—se burla. —Debes estar feliz conmigo, te hago reír mucho, soy tu payasa—rio. —La verdad es que si me rio mucho contigo. Elegirás tú el anillo. Me levanto de mi puesto, me acerco a él y lo beso con intensidad en la mejilla, él ríe de nuevo. Me siento junto a él, lo tomo de la mano, se sobresalta pero se queda quieto, no dice nada. —Lo elegiré. Al llegar al sitio del evento las luces de las cámaras no se hacen esperar, bajo del brazo de Marcel, con el mentón alzado y paso firme, me gusta cómo se siente la adrenalina por ser el centro de atención, el nombre que todos llaman, y él lo hace posible. Después de esto, pienso, seré muy popular. Disfrutamos del concierto, me lleva a cenar a un lugar donde solo afinamos los detalles de nuestra unión. Como lo anunciaremos: dejaremos que la prensa asuma todo cuando vean mi anillo, una que otra publicación en mis r************* , aclararemos el rumor y pronto estaremos anunciando boda. —Creo que debo invitarte a casa para que conozcas a mis padres—bromeo. Él ríe de nuevo. —Claro, muero por conocer a mis suegros. Es guapo. No me molestaría nada terminar en su regazo, habla poco de su vida, no se refiere así mismo, suspiro pensando que cuando estemos casados indagaré más sobre su vida, su cama, quiero terminar allí, después de todo será mi esposo, y si consiguiera tenerlo enamorado, un poco manipulado ¿Por qué no?, quiero que haga todo lo que yo diga, que quiera complacerme, que solo respire y piense en lo que quiero y ya lo tenga. —¿Por qué tan seria? —Estoy sonriendo—digo. —No lo dudo, pero no estás hablando como siempre—comenta. —Sé que lo hacemos por nuestros propios intereses, pero debemos hacer que esto funcione. —¿A qué te refieres? —¿Hijos?—pregunto. Se mueve incomodo en la mesa, niega. —No, sí le pondremos fecha de finiquito a esto. Tampoco quieras abusar—dice incómodo. Ya lo veremos, pienso. Que se casara conmigo no sería lo más difícil, se me metió en la cabeza que quería conquistarlo y por más duro y frio que se viera, me propuse lograrlo. Regresamos a casa, lo beso en la mejilla para despedirme, sonríe ligeramente, toma mi cara entre sus manos y besa mi frente. —Avisa a mi asistente cuando tengas el anillo. El que quieras, no escatimes en precio—dice. Sonrío y afirmo. Mi padre me espera al pie de la escalera. Sus ojos brillan, frota sus manos como una animal salvaje frente a su presa herida, menos mal yo no me siento así. Suspiro y sonrío para acabar con su angustia. —¿Y bien?—pregunta ansioso. —Me dará un anillo—rio. Él aplaude y me abraza.
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