John caminó rápido. Demasiado rápido. Atravesó el salón sin mirar a nadie, mientras las voces, las risas y la música comenzaban a sentirse cada vez más lejanas dentro de su cabeza. Sentía el pecho apretado. La respiración pesada. Como si el aire de pronto no fuera suficiente. Aflojó un poco la corbata mientras seguía avanzando entre la multitud, intentando ignorar la sensación incómoda que le subía por el cuerpo. No quería pensar. No quería imaginar nada. Pero la imagen seguía ahí. Rodrigo demasiado cerca de Sandra. Sandra sonrojada. Sandra mirándolo de esa manera que él ya empezaba a reconocer. Y lo peor… era que no podía reclamar nada. Porque técnicamente ella nunca le había prometido nada. Ahora entendía su renuencia a formalizar, y eso lo enojaba. Porque en el fondo él sabía

