—Obviamente no —dijo Sandra furiosa, colocando el plato de Cassoulette sobre una pequeña mesa que tenía al lado. —No vine a pelear… —dijo Carolina, que ni siquiera se atrevía a mirar a los ojos a Paula. Lucas, que estaba detrás de ella, no decía ni una sola palabra. Solo estaba allí, por si su ahora prometida necesitaba algo. Aunque estaba algo sorprendido, no entendía por qué Carolina había querido venir a ver a la esposa de su antiguo amante. —No me importa a qué viniste. Lárgate ahora mismo o haré que te saquen —le exigió Sandra, que no entendía el descaro de esa mujer. —Por favor, yo solo… —¡Fuera! —Sandra, por favor —intervino Paula—. Déjanos solas. —¿Qué? Obvio no. ¿Te volviste loca? ¿Y si te hace algo? —Cualquier cosa que me pase, tú sabrías que fue ella, así que no me hará

