4. ¿Quiere correr el riesgo de recibir mi mirada?

2242 Palabras
Alena Sus vista no se apartaba de mí, me estuvo dirigiendo su mirada por mucho tiempo más que en estas semanas, creo que hoy si seré despedida y mi abuela me matará por haber fallado. —Entrégame los archivos —pidió entre dientes, estaba tan furioso que hasta me daba miedo. Respire profundo para no demostrar que me intimidaba, rogaba por qué mi mano no temblará cuando le entregará los archivos. Extendí mi mano hacia él junto con los archivos y él los tomó con rapidez. —Paulina, ven conmigo —ordenó, apartando su vista de mi. —Sí señor —respondió Paulina sin verlo a los ojos. —Tú Alena, puedes retirarte, tomate el resto del día libre —dijo en tono frío. —Pero.. señor, se supone que yo estaría con usted en esa reunión —mi voz tembló un poco y aun así hablé con mi vista fija en él. —¿Te atreves a reprochar mi orden? Después de lo que me dijiste lo menos que te mereces es ser despedida, hace algunos minutos te di una advertencia y me parece que no entendiste —dijo en tono seco —Llamar a tu jefe imbécil no es algo profesional señorita Colombo la próxima por lo menos asegúrese que yo no la escucho, puedo llegar a ser mucho más imbécil de lo que usted piensa —susurro solo para mi —En este momento lo mejor para usted será que se vaya y mañana se presenta temprano, reflexione sobre su actuar el día de hoy, no me haga arrepentirme por no despedirla.... Había quedado perdida en sus ojos pero aun así sentí una mezcla de emociones dentro de mí, sus palabras eran un golpe para mi, sabía que no estaba bien lo que había hecho pero era si culpa, el se comporta como un imbécil, pero aun así es mi jefe, pero eso tampoco quiere decir que no me molesta su actitud me molesta, él me molesta y no se por que, es... algo extraño esto... —Vamos Paulina —ordenó, se dio media vuelta y se marchó dejándome ahí de pie, perdida en mis pensamientos. Paulina lo siguió, apreté mis manos en puños. Evan Di Angelis.... Estás siendo muy imbécil... Parece que me odia... Tome mi bolso y salí furiosa de la empresa, debo cuidar mucho lo que digo y sobre todo lo que digo de él, pero es que en verdad se cree tan perfecto, sin tan solo se fijará en mi le haría pagar un poco lo idiota que esta siendo, eso sería una genial idea, total es lo que mi abuela quiere... .... —Te noto muy pensativa ¿Ocurrió algo? —pregunta Gino, yo solo observó mi helado derretirse —¡Alena!. —Lo siento ¿Dijiste algo?... —¿Qué te ocurre, bellezza? Estoy hablando contigo y tal parece que no me escuchas —se queja. —Lo siento, simplemente tuve un mal día —respondí. —Eso lo puedo ver, debes cuidar ese trabajo, es nuestra única entrada de dinero para poder huir —dijo serio. —¡Ja! Dinero eso es lo único que parece interesarle a la gente ¡el maldito dinero! —exclamé fastidiada. —¿Qué te pasa, Alena? Sabes qué es lo único que nos puede servir para huir ¿Acaso no quieres eso? —inquirió. —¿Me amas, Gino? —pregunté de repente, vi sorpresa en su mirada. —Sabes que sí —respondió tomando mi mano y sonriendo. No se porque yo esperaba algo más. ¿Por qué no dijo; si te amo? Simplemente dijo "sabes que si". ¿Todos los hombres son así?. La verdadera pregunta aquí sería: ¿Yo lo amo? Es decir todo en nosotros se está volviendo ¿rutinario?. Ni yo lo sabía, Gino me gustaba pero sentía que nos hacía falta algo más. Quería verlo demostrar que en verdad me ama, pero pienso en que yo no estoy siendo sincera con él tampoco. Gino no sabe lo que mi abuela me pidió, no sé cómo reaccionaría si en verdad lo supiera. Seguí viendo mi helado, probé un poco de este, ni siquiera sé por que lo pedí, él sabor a fresas no me gusta, amo el chocolate, pero me lleve la contraria y quise probar algo que se que no me gusta. El móvil de Gino sonó, él lo tomó y al ver la pantalla se puso un poco nervioso. —¿Ocurre algo? —pregunte. —No, es solo José, debo volver al taller —informó —Te llamare por la noche —se despidió dejando un beso en mi frente, últimamente sus besos eran fríos, no sentía la calidez de sus labios. Suspiré y me quedé en la heladería un poco más, si volvía temprano a casa mi abuela me haría todo un interrogatorio. Pasaron las horas y decidí ir a casa, esperaba que mi abuela no estuviera y hubiera salido con sus amigas, pero no, no fue así, ella esperaba por mí en la sala. —¿Cómo vas Alena? —preguntó —¿Hay algún avance?. —Por el momento ninguno, aun no tengo mucho tiempo trabajando para él, pronto te tendré noticias —le aseguré —Por cierto, yo estoy bien por si acaso te interesa —dije y subí las escaleras hasta llegar a mi habitación. Quisiera que ella fuera diferente y no solo me utilizara, yo no tengo la culpa del hombre que fue mi padre, tampoco tengo la culpa de lo que sea que esa familia hiciera, pero al parecer yo he quedado al medio. Mi hermana tuvo la suerte de tener una madre que la protege, que no permitió que mi abuela se acerque a ella, estoy segura que mi abuela hubiera tratado de engañarla a ella, me alegra que ella tenga la felicidad que yo no pude. Ella no sabe que yo existo, nadie lo sabe, ni se lo imaginan. Debo hacer todo lo posible para lograr mi propia felicidad y no convertirme en una ladrona, eso es lo que mi abuela quiere... .... Al día siguiente como el señor Di Angelis lo pidió estuve muy temprano en la empresa, ordené un poco el desastre que deje ayer por salir apresurada, solo esperaba que él señor perfecto-imbécil no estuviera tan de mal humor hoy. —Alena —me llamo Paulina —No vuelvas a hacer enfadar al señor Evan, estuvo de un humor que ni te imaginas, juro que por un momento quise renunciar, me trajo de aquí para allá, yo parecía loca en esta empresa, se peleó con el señor Logan también, no es que ayer nadie lo soportaba —comentó ella hablando tan rápido que apenas pude entenderla. —¿Acaso no es ese su humor siempre? —pregunté. —El suele ser muy exigente, pero no a tal extremo, le gusta que uno sea eficiente en el trabajo, tiene cara de ogro pero es amable, si ve que a ti se te dificulta algo el te indica como hacerlo —respondió y tal parece que ella lo conoce muy bien, pero me describe a otro Evan. —¿Estás segura que hablamos del mismo hombre? Porque conmigo ha sido muy exigente desde el principio, me parece que hablas de otro Evan —dije. —Eso es extraño, yo trabajé con él durante mucho tiempo pero como vez ahora estoy en otra área y por eso buscaron una nueva asistente —dijo pensativa, el ruido del ascensor interrumpió nuestra charla. El señor Di Angelis salió de él, mi vista se fijó en él, su cabello peinado perfectamente y su traje hecho a la medida, sin duda era uno de los hombres más atractivos de Italia, se decía que los hombres Di Angelis son unos de los más guapos y ricos del país. —Buenos días señor —saludó Paulina. Yo solo me quedé mirándole más no lo saludé, y no fue por mala educación si no por que me distraje en él. —Buenos días Paulina —respondió a su saludo. Esperen ¿él le respondió? El señor perfeto-imbecil respondió al saludo de Paulina y a mi no me responde, pero... ¿que le pasa a este idiota? Desde hoy no lo saludaré más, no seré educada con él. El me vio de reojo y siguió su camino, tuve tantas ganas de tomar aunque sea un bolígrafo y tirarlo a su cabeza. —¿Por qué no lo saludas? —pregunta Paulina. —¿No lo notaste? El me odia, no le importó si lo saludaba o no, así que no lo haré más —dije con firmeza. —No te metas en más problemas por favor —me pidió y se retiró. Fui a preparar el café y lo lleve a su oficina, entre sin tocar, él estaba ocupado entre documentos. —Aquí está su café señor —lo puse sobre su escritorio con cuidado. —Gracias —dijo sin dirigirme la mirada, estaba a punto de retirarme cunado su voz me detuvo —Llama al gerente de Marketing dile que necesito la presentación para esta tarde —ordenó, y no se por que molestaba que no me dirija la mirada. –¿Eso es todo? —dije con voz fría. —Si, eso es todo señorita, si necesito algo más yo la llamaré, retírese —ordenó. Salí de ahí rápidamente e hice lo que me pidió. Me gusta mi trabajo, es mejor que ser dama de compañía, pero odio a mi jefe. .... Dos meses llevaba ya en este trabajo, el señor Di Angelis parecía odiarme cada vez más, su amigo el señor Logan era un poco más amable. Mi abuela insistía en saber si había algún avance y tuve que mentirle, le dije que Evan había comenzado a coquetear conmigo. Por otro lado estaba Gino, él se desaparece por días, no responde mis llamadas no se que pasa con él a veces siento que esta relación está llegando a su fin... —Alena ven a mi oficina —pidió él señor Di Angelis, él acababa de llegar a la empresa, tomé mi tablet y me dirigí a su oficina. Este día tuve que usar un vestido color verde como mis ojos, mi abuela dijo que se me veía muy bien, que Evan no me quitaría la vista de encima. El vestido es hermoso y me queda ajustado, el escote redondo y de largo llega un poco más arriba de mis rodillas. Mis tacones dan un toque especial. —Necesito que prepares la sala de reuniones y revises todo el equipo esté en orden, pídele al equipo de producción que se presente —pidió con la vista en su computador. Este día no me sentía de muy buen humor a decir verdad, él idiota de Gino llevaba una semana sin responder mis llamadas y que mi jefe solo ordenará las cosas sin dirigirme la mirada me estaba cansando, si renuncio estoy segura que con gusto recibo los reproches de mi abuela a seguir trabajando con este hombre. —¿Se puede saber por qué siempre me da las órdenes sin siquiera dirigirme la mirada? —Solté la pregunta que llevaba atorada en mi garganta desde hace semanas. —¿Disculpa?... —No, no lo disculpo, aquí todos hablan de lo buen jefe que ha sido y conmigo ha sido un total im... —Cerré la boca cuando me di cuenta de la palabra que estaba por decir. El se puso de pie, a pasos lento se acercó hasta mí, su mirada me intimidó... —Termine de quejarse, soy su jefe y quiero saber como es que mi empleada se siente —se cruzó de brazos quedando muy cerca de mí. —Como si en verdad le importara —mencione —No se porque me dejo seguir en el puesto si es claro que no le agrado —mantuve mi vista fija en él. —Hace muy bien su trabajo como para despedirla y prefiero evitar el trabajo de buscar a alguien más —dijo. —No creo que alguien más lo soporte también... «Alena ya callate, te va a despedir» Me regaño mentalmente. —¿Quiere saber por qué no le dirijo la mirada? —me pregunta, se acercó aún más, su vista se paseó por todo mi cuerpo —Él que yo mire sus ojos todos los días, cada mañana, cada vez que entra a esta oficina, sería muy peligroso para usted. Bella strega seducente (Hermosa bruja seductora) —sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo ante sus palabras. —¿Quiere correr el riesgo de recibir mi mirada señorita Colombo? —preguntó con voz ronca. No podía apartar mis ojos de los de él, parece como si él me hubiera hipnotizado. Un paso.... Dos pasos... Más cerca de mí, su rostro se inclinó, su aliento cálido lo sentí en mis labios y su vista bajo a ellos... Podía sentir los latidos de mi corazón como un tamborileo frenético, mantenía la tablet pegada a mi pecho, la abrazaba con fuerza más no me moví, al contrario como un reflejo baje mi vista a sus labios, una sonrisa de lado se dibujó en ellos... ¿Pensaba besarme? ¿Dejaré que lo haga? No se porque pensaba en que sus labios se sentirían suaves y cálidos, sus labios rozaron los míos, mis ojos se cerraron y yo esperaba ese beso ¿Iba a pasar? ¿En verdad?
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