La casa de Ben estaba en silencio, salvo por el tic-tac insistente del reloj de pared. Jason estaba en el sofá, con una taza de café entre las manos, hojeando un libro sin demasiado interés. Ben, en cambio, caminaba de un lado a otro, incapaz de quedarse quieto. April había quedado de llamar hacia un buen rato. La ansiedad lo consumía; era como tener fuego en las venas. Cada día que pasaba sin poder ver a Gina lo acercaba a la locura. —Si sigues caminando así, vas a desgastar la duela —dijo Jason con un intento de humor cansado. Ben ni siquiera lo escuchó. Había vuelto a mirar su celular por quinta vez en los últimos minutos, como si con la fuerza de su desesperación pudiera obligar a la pantalla a encenderse sola. Y entonces, como si la ansiedad se hubiera materializado en destino, el t

