Salir con ellos, parecía que me tenían un enojo que era difícil de entender últimamente; podía sentir el aroma del café y pan recién horneado en mis fosas nasales. Y aquel sonido que me martillaba los nervios, la cuchara de Elise golpeaba el borde de su taza con un ritmo irritante, que me generaba un dolor en las sienes. Estaba segura que quería alterarme y que soltara aquello que me quería saber y perfectamente lo estaba logrando.
—Para—, tome su mano—, ¿Qué es lo que pasa?
—Nada—, dijo en tono chillón.
Claro.
Caín se aclaró la garganta, intentando inútilmente cortar la tensión. Pero la molestia de Elise era tan pero tan evidente.
—Bueno… al menos aquí preparan un buen capuchino, ¿no?
Rodé los ojos divertida.
—¿En serio? ¿Capuchino?—, me mofe—, has pedido un jugo, en un café.
Elise bufó, clavándome una mirada cargada de rabia contenida.
—¿Y tú? ¿En serio qué, Blair? ¿Vas a quedarte callada como si nada?—, me atacó le miré con las cejas fruncidas—, Eres increíble.
Me crucé de brazos exasperada, ¿Qué diablos le pasaba?
—¿Quieres que te dé un espectáculo aquí mismo?—, interferí inclinándome hacia ella—, si quiera se de que es lo que estás tan molesta, de la nada estás bastante furiosa por dios sabrá que.
—¡Un espectáculo ya lo das todos los días! —soltó, con veneno en cada sílaba.
—Ya, ya, no empecemos. Solo quería que…
—Que pasáramos un rato tranquilos, ¿no? —lo interrumpí, sarcástica—. Pues parece que tu plan no funcionó. Porque Elise parece frustrada de dios sabrá que.
Elise dejó caer la cuchara con fuerza. El golpe metálico contra la taza atrajo miradas curiosas de otras mesas.
—Lo que no funciona aquí eres tú, Blair. Siempre distraída, siempre con la cabeza en otro lado. ¿Quién te tiene así?
—¿Qué es lo que te tiene a ti así?—, le dije—, ¿Por qué estás tan molesta?
—¿Soy yo el problema? Quien siempre está en las nubes por una persona que no le mira eres tú.
Mis labios se apretaron. Pensé en Seth. En sus ojos clavados en mí aquella noche. En la forma en que el aire parecía temblar cuando él estaba cerca. Pero no podía decirlo. No a ellos.
Me encogí de hombros.
—Tengo cosas en la cabeza, nada más. No tiene nada que ver con un chico.
Elise soltó una risa seca.
—“Cosas”. Claro.
Y entonces, como si el universo quisiera sumarle más pólvora a la bomba, mi celular vibró sobre la mesa. Una notificación iluminó la pantalla, y mi corazón se detuvo por un instante.
“Aléjate de ese mundo, no es para ti. Confía en mí.”
El número era desconocido. El pulso me martillaba en las sienes. Elise inclinó la cabeza para mirar, y yo, nerviosa, escondí el teléfono en el bolsillo casi tirando la taza.
—¿Quién es? —preguntó, sospechosa.
—Nadie —mentí, clavando los ojos en la ventana.
—Claro, nadie… —repitió con un veneno que quemaba—, Los amigos no tienen secretos, Blair.
Caín no dijo nada, pero lo sentí observándome, como siempre, como si quisiera leer lo que no decía. Esa mirada que me incomodaba porque parecía saber demasiado, pero al mismo tiempo me daba un extraño consuelo.
De pronto, un amigo de Elise, conocido por siempre estar en el lugar equivocado, se acercó a nuestra mesa con una sonrisa torcida.
—Oigan, esta noche hay una fiesta brutal. Van a ir todos. Música, alcohol, buena compañía… No se la pueden perder.
—Paso —dijo Caín de inmediato.
Yo negué con la cabeza.
—No creo que sea buena idea.
Elise, sin embargo nos sonrió con diversión.
—Vamos.
—¿Estás de broma?—, le dije mire de reojo a Caín.
—Es a caso, ¿Qué solo tienes tiempo para tu sexy vecino Blair?
—Eres imposible, Elise—, rodé los ojos—, Bien, vamos.
***
La casa parecía un monstruo dormido que había despertado para devorar a todos los que se atrevían a entrar. Música ensordecedora, luces de neón que pintaban cuerpos en movimiento, copas que se derramaban, risas y gritos que se confundían.
Yo entré con la barbilla en alto, fingiendo seguridad. Elise frente a mí y podría asegurar que tenía aquella sonrisa triunfadora en el rostro, y Caín observaba todo con esa tensión que siempre llevaba en la espalda, como si esperara que algo estallara.
Y entonces lo sentí. Esa mirada. Esa sombra.
Seth estaba allí.
En el segundo piso, apoyado en la baranda, observando todo como si el mundo entero existiera solo para entretenerlo. Cuando nuestros ojos se encontraron, me invadió un escalofrío que me recorrió desde la nuca hasta los talones.
—No me digas que también está aquí —murmuró Elise, apretando los dientes.
No respondí. No podía.
Caín me tomó del brazo.
—Blair, vámonos. Este lugar no es para ti.
—Acabamos de llegar—, Elise me arrastró por el lugar—, En un rato volvemos, Caín.
Durante un rato con la molestia de Elise bebíamos shots de la manera más rápida posible trago tras trago, no mencionaba nada, quizá con el alcohol en el sistema ella me dijera que le pasaba.
—Iré al baño.
—Te acompaño—, le dije rápidamente a lo que negó—, Elise…
—Solo es el baño Blair, haz amigos—, rodó los ojos.
Antes de que pudiera decirle algo desapareció de mi campo de visión; por ello no quería venir, no conocía q nadie de aquí, las amistades de Elise no eran lo mío.
De un segundo a otro sentí como me tomaban de la muñeca.
—¿Qué hace una muñeca como tú en una fiesta como esta?
Intenté apartarme, pero él insistió, rozando mi brazo. Un segundo después, sentí otra mano fuerte que me sujetaba por la cintura y me apartaba de un tirón.
Seth.
Su voz fue grave, cortante.
—Ella está conmigo.
El tipo retrocedió de inmediato, tragando saliva, antes de perderse en la multitud. Yo me quedé quieta, con la espalda contra el pecho de Seth, sintiendo su respiración rozarme el cuello.
—Este lugar no es para ti —susurró, bajo, solo para mí—. Vámonos.
—Vengo con amigos Seth…
Las sirenas de la policía se escucharon mire a mi alrededor notando que una pelea se había desatado como todos salían .
—Blair, vámonos.
Mis ojos buscaron a mis amigos, en un nulo intento, hasta que mi celular vibró.
Elise: salimos de ahí por la policía, la casa está llena de droga. Te vemos en casa.
Me quedé helada. ¿me habían dejado?
—¡Blair!
Yo no dije nada. Solo asentí.
Me dejaron sola.
Yo ni siquiera quería venir.
La noche afuera era un contraste brutal. Silenciosa, oscura. El rugido de la motocicleta rompió el aire, y Seth me colocó su chaqueta sobre los hombros. Yo debería haber protestado, pero no lo hice.
Estaba aturdida.
Se estaban comportando de una manera demasiado irreal conmigo, ambos. ¿por qué?
Me subí detrás de él, con el corazón acelerado. El viento me golpeó la cara cuando arrancó, y cada calle que dejábamos atrás era como una línea de mi vida borrándose.
Frenó en seco en una carretera solitaria, con la ciudad apenas un resplandor en la distancia. Apagó el motor y se giró hacia mí, sus ojos clavándose en los míos.
—¿Qué haces aquí, Blair? —preguntó, bajo, casi un rugido contenido.
—Quisiera saberlo también, honestamente.
Él sonrió apenas, esa sonrisa peligrosa que era a la vez una amenaza y una promesa.
—¿Y tus amigos?—, preguntó—. Dudo que fueras a esa fiesta sola.
—No lo sé, no suelo tomar buenas decisiones—, chasquee bajándome de la motocicleta—, ¿Y tú? ¿Quién eres en realidad?
—¿Sabes si quiera tu quien eres?—, me preguntó—, que desde que te tengo cerca pareces un corderito asustado disfrazado de lobo esperando no ser atacado.
—Te equivocas.
—No sabes lo que eres hasta que alguien te arranca del mundo que conocías—, me dijo—, Y estoy seguro; que tú no tienes ni la más mínima idea de quién eres en realidad.
El aire se quedó atrapado en mis pulmones. Y en ese instante entendí que mi vida nunca volvería a ser la misma.
Supongo que era así, habían momentos que no se olvidan, nunca podrías y aquello es lo mismo que te arroja a la realidad, a la oscuridad que siempre temiste. Y nunca nada volverá a ser igual.