49. Déjame ser el verdugo

1564 Palabras

49. Déjame ser el verdugo Andrea Como Edward había dicho, al día siguiente se desató una tormenta, aunque no se comparaba con la que se agitaba en su interior. Había demasiadas cosas que asimilar. Descubrir que todo ese tiempo había vivido engañada, odiando al hombre que tenía frente a ella y que, en realidad, había extrañado durante tanto tiempo, era un golpe difícil de sobrellevar. Sin embargo, cuando Edward la recibió con una sonrisa, supo que para él, el tiempo había retrocedido. —De seguro no dormiste nada —la voz de Karen la sacó de sus pensamientos, obligándola a mirarla. —Pude dormir algo, no se preocupen —respondió Andrea mientras el chef comenzaba a servir la comida, a pesar del vaivén del barco—. Espero poder conservar esto en mi estómago el tiempo suficiente. Edward sonrió

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