54. Necesito besarte Andrea El día de la fiesta había llegado y Edward aún no le había contado a Andrea lo que pensaba hacer. Había tratado de evitar el tema durante días, aferrándose a un último vestigio de duda. A pesar de las palabras de su tía y del leve avance entre ellos, el remordimiento de estar dejando ir a Félix tan fácilmente aún la perseguía. Pero no podía evitarlo para siempre. Necesitaba saber qué estaba planeando. Su teléfono comenzó a sonar y, al ver el nombre en la pantalla, su corazón se aceleró. Se aclaró la garganta y trató de que su voz sonara profesional. —¿Hola? Un silencio incómodo siguió a su saludo. —Sammy, ¿puedes subir a mi oficina? —La frialdad en su tono le provocó un desasosiego inmediato. Cuando la llamaba por su sobrenombre, sonaba como si pusiera un

