"Si no me dices no te dejaré entrar," la chica gruñó y Lucca se encogió de hombros, pasando por su lado. "¡Oye!" "Gracias," El muchacho exhaló y subió corriendo las escaleras hasta llegar a la habitación del morocho. Sus manos comenzaban a temblar y cada paso que daba hacía que su corazón golpeara fuertemente contra su pecho. "Santo Dios," Pasó saliva y golpeó suavemente la puerta de caoba. "¿Quién?" Se escuchó del otro lado y Lucca se negó a contestar, golpeando nuevamente "¡No quiero ver a nadie!" El castaño tomó una larga inhalación y dejó que su frente se pegara a la puerta. "Soy yo, Javadde" murmuró "Lamento tanto mi actitud. Acabo de darme cuenta qué es lo que tu quieres y enserio me gustas." Lucca se sentía estúpido por su discurso tan pobre, pero supo que había hecho algo b

