—Tus padres vienen por la noche. Cenarán con nosotros, quería decírtelo cuando amaneciera. Mi corazón dio un salto en caída triple. Instalándose una sensación estremecedora en mi pecho. Ya empezaba a contar las horas, minutos y segundos. No dije nada, quizás porque las palabras se quedaron atascadas en mi garganta. De la noche a la mañana ya tenía un papá y una mamá. Las lágrimas se acumularon en mis ojos y pronto hicieron su recorrido, sobre mis mejillas. Estaba consciente de que ya nada sería igual. —Todo cambiará para mejor, ya lo verás, cariño —prometió borrando con las yemas de sus dedos el rastro de lágrimas adyacentes. Lo besé despacio, permitiendo que tomara todo de mí. Hasta quedarme sin aliento. La cuenta regresiva había comenzando, cada vez faltaba menos para conocer mi p

