“Su respuesta fue un silencio un silencio que no se atrevió a romper”. Empujó la puerta y sin más se adentró observando con sorpresa su estudio: una amplia habitación con escritorio y sobre este un flexo y una laptop. Un juego de sofás, caballetes, pinturas pinceles y lápices de colores también había una estantería repleta de libros, materiales como papel, hojas blancas y cuadernos, al lado una puerta que conducía al balcón. En la pared pintada de azul celeste estaba colgado el dibujo que Matt hizo cuando tenía 5 años: los dos estábamos de espalda sentados en ese columpio. Sonreí al ver otro más reciente que hizo en el colegio: nuestra familia. —¿Qué dices, hijo? —revolvió su cabello, lo miré boquiabierto. —¿Es todo mío? —Todo tuyo, campeón. Si no te gusta algo… —¡Me encanta, papá

