Atlas se recostó en la cama y se quedó viendo el techo durante largo rato. Se sentía hueco, un enorme hoyo se hacía cada vez más grande en él; los dedos rígidos a causa del frío buscaron a tientas una frazada y al tocarla inmediatamente se cubrió la mitad del cuerpo con ella, entonces se hizo un ovillo y permaneció inmóvil durante largo rato. Fue entonces que su teléfono sonó y vio que era Lorraine. - Hola. Dijo ella. - Hola pequeña. Respondió él intentando sonar normal. - ¿Todo bien?. Preguntó Lorraine un tanto preocupada. Atlas tragó saliva y luego miró la ventana. - Si. ¿Y tú?. Le preguntó este. - Preocupada por ti, siento que la estás pasando muy mal y he notado que estas últimas semanas no hemos hablado mucho. ¿Enserio estas bien?. - Yo… Necesito contarte muchas cosas. Pe

