Salí del servicio con determinación, los minutos que había pasado dentro me sirvieron para tomar decisiones, una de ellas era que esta vez me iría de verdad y la segunda… — ¿Podemos hablar un segundo?—cuestioné mirando a Renzo con una pequeña sonrisa — Claro, pero ¿estás bien?, tienes los ojos rojos—me miraba un tanto preocupado— Has estado llorando—afirmo haciendo que me tensara ligeramente— ¿El jefe te hizo o dijo algo?—rápidamente negué con la cabeza aunque por dentro me moría por gritar que si — Él no tiene nada que ver, son cosas mías, no te preocupes—amplíe mi sonrisa, me miraba con dudas, pero aun así asintió— Tenías razón, realmente no nos dio ninguna oportunidad, así que acepto que tengamos una cita— — ¿De verdad?—preguntó con una gran sonrisa, y un brillo de felicidad en sus

