Miraba el colgante con sentimientos de tristeza en el cuerpo, ayer me había vuelto a acercar a ella, pero volví a cagarla retrocediendo tres pasos, suspiré dejándolo encima de la mesa. El timbre de casa sonó sobresaltándome, me levanta caminando hacia la entrada, al abrir la puerta me encontré con Emmanuel al otro lado — ¿Lo tienes?—cuestioné a lo que asintió mostrándome una carpeta en su mano, me hice a un lado para que entrase En silencio fuimos hacia mi despacho, se sentó en uno de los sillones mientras yo servía whisky en dos vasos, le ofrecí uno el cual agarró de inmediato bebiendo de el — Está limpio, no tiene nada— — ¿Nada?—pregunté a lo que negó con la cabeza — Nada, ni una denuncia, ni antecedentes… Renzo Farina, está limpio—lejos de sentirme aliviado, me sentí desilusion

