Desde aquel día había pasado dos semanas, semanas en la que no se sabía nada de él, la policía vigilaba la casa de su hermano en Génova, pero por allí no había aparecido, Matteo tenía a sus hombres vigilando mi casa y la de mis padres, pero tampoco había aparecido, era como si la tierra se lo hubiera tragado, y eso, me ponía nerviosa. Mi familia me llamaba a diario con preocupación, era algo agobiante, pero tolerable, mucho más que si estuviera viviendo ahora con ellos, también me había reunido con mis amigas a excepción de Mariella, en esta situación no podía soportar sus comentarios mordaces, ni sus palabras envenenadas. Mis amigas al verme se impactaron, algunos moretones estaban casi desaparecidos gracias a la pomada que me receto el médico, pero aun así, se veían. Ambas me propusie

