III

1318 Palabras

III Dos días después Ann Eliza advirtió que Evelina, antes de sentarse a cenar, se había prendido un lazo de color carmesí en la pechera; cuando terminaron de comer, la hermana menor, que casi nunca se ocupaba de recoger la mesa, empezó a ayudar a Ann Eliza a llevarse los platos con una premura nerviosa. —No me gusta ver los platos desperdigados por ahí —refunfuñó—. ¿No es un engorro tener que hacerlo todo en la misma habitación? —Ay, Evelina, a mí siempre me ha parecido que disfrutamos de muchas comodidades —protestó Ann Eliza. —Sí, disponemos de algunas, pero supongo que no hago ningún daño si digo que ojalá tuviéramos un salón, ¿verdad? En todo caso, a lo mejor podríamos apañárnoslas para comprar un biombo con el que ocultar la cama. Ann Eliza se sonrojó. Había algo levemente vergo

Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR