VII

3660 Palabras

VII Durante las semanas posteriores el señor Ramy, pese a que sus visitas se hicieron tan frecuentes como antes, no recobró el mismo ánimo de siempre. Se quejaba con frecuencia de que le dolía la cabeza, pero rechazaba los remedios que Ann Eliza le brindaba titubeante y evitaba toda investigación minuciosa de sus síntomas. Había llegado el mes de julio con una repentina llamarada de calor, y una noche en que los tres estaban sentados junto a la ventana abierta de la trastienda Evelina dijo: —No sé qué daría, en una noche como esta, por respirar un poco de aire puro del campo. —Yo también —declaró él mientras limpiaba la ceniza de la pipa—. Ahorra mismo me gustarría muchísimo estar en un cenador. —Sería maravilloso, ¿verdad? —A mí me parece que aquí estamos fresquísimos —adujo Ann Eliz

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