—Marco, ya se están tardando—digo moviendo el pie con ansiedad—. ¿No aterrizaban en una hora? —Paciencia, tesoro. Todavía faltan como diez minutos—dice mirando el reloj del coche—. Solo quiero aprovechar este pequeño tiempo que tenemos para aclararte algunas cosas. Como ya sabes, no se encuentra en sus cinco sentidos; por lo tanto, no deseo que tu ánimo decaiga cuando la veas. —¿Le ha pasado algo más que yo no sé? —No, no. Nada de eso—pasa su mano por la boca y me mira con inquietud. —Marco, puedes decírmelo. —Es solo que—hace silencio pensando en cómo ser lo más claro posible—. Mira, gracias a que difundimos su desaparición, la gente se encargó de buscarla por los alrededores. En la madrugada la policía recibió una llamada anónima. Habían visto a una mujer rubia deambulando por los

