Llevo aproximadamente dos horas en esta mesa, he tomado una taza de chocolate, un café espresso y ya me devoré cuatro croissants. Mi cabeza no ha dejado de darle vueltas al asunto del beso, a la visita inesperada de Fabio por casa de Marco y en lo galante que es hasta para mirarte. Ojalá esto no me traiga problemas… No creo, ¿verdad? En el archivero apenas si había luz así que dudo mucho que se haya dado cuenta a quién besó. Pero ¿y qué tal si me vio corriendo por el pasillo? Si lo hizo, entonces sabe cómo iba vestida y por ende.... Nah, no creo que me haya reconocido… ¿O sí? Oh cielos, estoy en problemas. —Disculpe, signorina. ¿Gusta ordenar algo más? —pregunta el mesero recogiendo mi taza vacía. —Si, eh… Me gustaría un piatto di frutta fresca—sonrío entregándole el menú—. ¿Podrías agre

