—¿Y bien doctor? Dígame, ¿cómo está mi corazón? —pregunté, esperando con las manos apretando mis rodillas, la ansiedad no jugaba bien conmigo. El médico terminó de leer mi electrocardiograma y tras unos minutos de pausa, tensó los labios y me observó con una expresión que no me había mostrado antes. La respuesta era segura, tras el último acontecimiento, mi corazón ha resistido demasiado. Ni yo entiendo cómo es que he logrado estar en pie y no sufrir un infarto por todo lo malo que me ha estado ocurriendo. —Cambios… Sí, los hay, además me cuentas que dejaste de tomar la medicación, eso es muy malo Hebe, ¿por qué hiciste algo así? —Sé que he descuidado mi salud, y me disculpo por eso. —Las disculpas pidelas a tí, Hebe. Esto no es un juego. Eras de mis mejores pacientes, tu estado era

