Tras terminar la jornada laboral habíamos conseguido cuatro mil libras extras, ellos en propinas y yo metiéndome en problemas, habíamos ido a comer a casa para esconder el dinero con el que ya llevábamos acumulado y nos fuimos a la plaza a hacer nuestro segundo trabajo. Caminábamos por la ciudad con las cosas bien escondidas. —¿Te han dado dinero por insultarlos?—me preguntó Sally divertida. Le mire. —Por decirles lo que intuía de ellos, que es diferente, son unos sensibles—comente. Mi hermano nego. —Eres increíble—comentó mi hermano. Pasamos por una pizzería, en un cartel ponía que necesitaba alguien que cogiera el teléfono los fines de semanas, entré sin dudarlo. No es que dudara de que fuera a mantener mi trabajo con el señor Simpson, tenía claro que no me iba a echar por mucho q

