LA SALIDA

1584 Palabras
Ese sábado Daira decidió pasar la tarde en la mansión. Al mediodía terminaban sus ocupaciones y estaba libre. Aprovechó para acomodar el resto de sus cosas y los artículos nuevos que había comprado. Era todo hermoso y de muy buena calidad. No había dudas que Mike tenía un gusto muy refinado. Eligió un cajón para guardar su ropa interior. Eran de ensueño, todo de encajes y transparencias...pensó que nunca nadie vería lo que llevaba bajo la ropa.           Por la noche decidió que iría a visitar y a ayudar a Richard en el bar. No lo había visto en semanas y quería contarle todo. Preparó una muda para quedarse a dormir allí cuando cerraran y así aprovechaban el tiempo que les quedaba para actualizarse con el chisme. Se puso las mejores ropas que tenía, un jean oscuro que no había usado desde que empezó a trabajar debido a que solo vestía ropa ejecutiva para cumplir con sus obligaciones tanto en la oficina como en la casa, atendiendo a las demandas de Danny. A veces traían pendientes a la casa y continuaban trabajando un par de horas después de la cena en el despacho que antes había sido de su padre. Era muy poco el lapso que tenía para mirarlo a la cara o para hablar de cosas personales, él jamás se lo permitía, era como un muro construido alrededor de ellos para evitar acercarse. "Es lo mejor, no quiero descontrolarme", pensó para sí misma.           Se puso un poquitín de maquillaje y se soltó el cabello que siempre llevaba recogido. Se puso un par de botas con un poco de taco y una blusa con unos adornos en el cuello y mangas, era de un verde intenso que resaltaba el de sus ojos opacando el gris. Era una noche de "chicas" y pensaba disfrutarla. Salió con su mochila cargada con una muda de ropa y abrigo por si cambiaba el tiempo hasta el domingo cuando regresara.           Estaba a punto de abrir la puerta de entrada cuando una voz la hizo voltearse. —¿Adónde vas? —se encontró con un Danny ceñudo. —Sseñor, estoy en mi día libre. Volveré mañana —le dijo ella sin repara en lo molesto que él estaba. —Ya lo sé. Sólo pregunté adonde vas. —Voy a visitar a un amigo y pasaré la noche ahí —le dijo ella ahora molesta por la expresión adusta de él. Ya no eran sus horas como jefe, ¿podría cambiar ese rictus amargo que tenía en todo momento?, ¿es que acaso no se relajaba nunca?. —¿Quién es tu amigo? —le preguntó con tono hosco. —Perdón, señor, pero creo que mi vida privada no le incumbe. Leí el contrato y me lo sé de memoria. No hay ninguna cláusula en la que que se especifique lo que puedo o no hacer en mi tiempo libre, mientras conserve la "conducta adecuada" —le dijo secamente, dándose vuelta y saliendo...estaba temblando. Ese hombre siempre la dejaba así con su presencia.           Danny se quedó paralizado unos segundos. La miró cuando salió y cerró la puerta en su propia cara. Quedó sorprendido por la actitud guerrera de ella. Nunca imaginó que esta mujer toda seria, que se vestía siempre oscuro y aburrido se iba a rebelar de tal manera. Tenía que ser muy importante para ella. Ese tal amigo tenía que ser muy importante como para que valga aquel desplante. Tomó el celular e hizo una llamada. —Mike, necesito que averigües todo sobre Daira. —Pero lo sabes todo, tienes el archivo en tu correo electrónico por si no lo encuentras en papel. —Si, pero necesito saber todo acerca de su vida privada. Con quien duerme, con quien ríe, que hace cuando no esta en el trabajo. —Sabemos lo que dice, es hija única, solo tiene a su madre y ningún otro familiar. Viene de Bajo Fondo y se abrió paso en la vida a puro pulmón y logró lo que logró gracias ante todo a su aguda inteligencia y esfuerzo.           Al otro lado de la línea solo había silencio. —Pero quiero, necesito saber más —finalmente expresó Danny. —¿Algo más?¿algo más como que? Ella es como la vemos. No hay letra chica. Tímida, voluntariosa, hermosa. ¿Sabías que nunca tuvo novio? Bueno, me comentó al pasar que tuvo un noviecito de secundaria que no pasó a mayores. Con esto solo nos queda deducir, y soy muy bueno en esto, que estamos ante la presencia de la última virgen de la ciudad...que digo...del mundo!!! —y lanzó una risotada. —Eso no puede ser verdad, Mike. No existen esas mujeres, al menos nunca me encontré con una. —En verdad te digo...creo que conseguimos un espécimen raro ¿eh? —dijo Mike riendo. —Bueno, déjate de idioteces y consigue más información sobre ella. Dijo que iba a pasar la noche con un amigo y regresa mañana. Quiero saber todo, quien es el amigo y donde pasan las noches. Tienes hasta el lunes.—y colgó dejando a Mike con la palabra en la boca.           Danny quedó pensativo luego de la salida de Daira. Subió las escaleras corriendo y se cambió la ropa. Se puso unos jeans azules y una camiseta de algodón, una chaqueta liviana, gafas y una gorra que encontró de su equipo favorito. Se sentía aturdido después de una semana agotadora, necesitaba despejar su mente. Tomó las llaves del Audi y salió. Hace mucho que no conducía, siempre se manejaba con choferes. Sacó el auto y deambuló por las calles de Ciudad de Pozos como si no las conociera. Se adentró más al norte, hacia donde iniciaba Bajo Fondo, un lugar prácticamente prohibido para personas como él. Estudiaba las calles poco iluminadas, habían cambiado muy poco desde que él las recorriera a diario para ir a tocar en algún bar o pub de la zona. A los dieciocho se sentía libre yendo ahí, quería volver a la adrenalina de esa juventud que duró poco. Quería volver a sentir algo de esa emoción de la juventud, libre, sin ataduras.           Esa época fue relativamente corta ya que un productor musical lo escuchó en una fiesta a la que lo habían contratado como espectáculo de refuerzo. Esa noche cambió todo, su carrera fue meteórica, su talento y carisma gustó tanto al público, especialmente al femenino, que no pudo detenerse más. Se vio envuelto en giras, en ciudades de las que ya no recordaba ni sus nombres. Vestuario, maquillaje, grabaciones. Luego de una entrevista hecha por una sexy periodista, le llegó un papelito en el que decía: "te espero en la habitación 305 del Hotel Las Palmas". Asistió, por supuesto a la cita y pasaron momentos geniales. A la semana, le pasó lo mismo con una presentadora de TV,  a la otra con una actriz, una modelo. Después empezó con las del público. Las elegía, les hacía señas y su asistente se hacía cargo de todo, hasta aquella noche en la que su hermana lo llamó para anunciarle que a su padre le había dado un infarto.           En todos esos meses no había estado con nadie. Había perdido las ganas, pero esta noche sintió algo extraño. Era una sensación extraña, jamás sentida antes. Y lo despertó ver bajar a Daira por las escaleras. Jamás la había visto vestida así, con su oscura cabellera cayendo sobre sus hombros y espalda y esos jeans tan sencillos pero que lograron mostrar brevemente las líneas de su cuerpo, el cual ocultaba muy bien detrás de sus trajes sastres que usaba a diario.           Esa mujer era todo un enigma para él. Se daba cuenta que a ella le causaba lo mismo que le causaba a todas las mujeres que se le acercaban. Pero con ella era diferente. Ella no coqueteaba, no intentaba seducirlo, nunca violó la norma que él mismo le impuso de no hablar más allá de lo laboral. Aún se preguntaba por que la había elegido. Era muy inteligente, en eso tenía razón Mike, pero podría haber sido cualquiera de las candidatas. Todavía recordaba ese día de la entrevista. Aún faltaban dos más luego de ella pero sintió un gran vacío cuando ella salió. En ese momento supo que ella era la indicada. Y la mandó a llamar. Cuando la volvió a ver con las mejillas arreboladas y al ver su expresión al enterarse quien era él fue una sensación indescriptible.              Deambuló por las calles sin rumbo hasta que llegó a una más transitada. Allí las luces también cambiaban, eran más brillantes y empezó a ver más gente en las veredas. Detuvo la marcha y observó a los transeúntes. De repente, unos jeans oscuros y una blusa verde pasaron rápido frente a él. Casi no la reconoció. Iba con sus mejillas rosadas como siempre cuando hacía esfuerzo físico o estaba nerviosa. Caminaba a paso firme. Trató de seguirla con el vehículo hasta que en una esquina la perdió de vista. Por su expresión y apuro, seguro la cita sería en alguno de los muchos moteles de la zona, quizá allí sería el encuentro con su amante. Sonrió para sus adentros, Mike se creía muy inteligente pero él le demostró que se equivocaba. ¿Virgen? En un antro como ese no podía haber esa clase de mujeres, definitivamente. Se sintió abatido y decidió regresar a su casa. Durmió muy pesado, le hacía mucho calor y soñó que Daira lo llamaba por su nombre con un susurro...y se estremeció. 
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