El sonido silencioso de una Decepción Las semanas se convirtieron en un mes, y con cada amanecer, dos realidades opuestas florecían dentro de la mansión Márquez. La primera era la recuperación de Lionel, un espectáculo de voluntad y tenacidad que se manifestaba en pasos cada vez más firmes. La fisioterapia que antes era un ejercicio de resistencia y dolor, se había transformado en una demostración de poder. El bastón de cuatro puntas había sido reemplazado por uno elegante de madera de ébano con empuñadura de plata, un accesorio que manejaba más como un cetro que como una muleta. Hoy había logrado su hazaña más impresionante hasta la fecha: caminar desde su estudio en el ala oeste hasta la biblioteca en el ala este, un recorrido que lo dejó sin aliento y bañado en sudor, pero co

