Después de la Tormenta. El Amanecer. El primer sonido que penetró en la conciencia de Emilia fue un pitido rítmico, constante y tranquilizador. Luego, el olor, agudo y limpio, a antiséptico. Abrió los ojos lentamente, la luz blanca de la habitación del hospital la cegó por un instante. Un techo blanco, paredes blancas, sábanas blancas. Un universo despojado de color y de caos. Por un momento, no recordó nada. Solo sentía un profundo agotamiento, como si hubiera dormido durante un siglo. Entonces, como un relámpago, la memoria regresó. El intruso. La sonrisa cruel. El cañón de la pistola contra su piel. El disparo. La sangre caliente. El terror abrumador. Un jadeo escapó de sus labios y su mano voló instintivamente a su vientre. El pánico, frío y afilado, comenzó a trepar por su gar

