Mientras iban en el auto lo único que sonaba era una melodía en la radio, Edneris iba con la mirada puesta en la ventanilla muriendo de celos y a la misma vez de culpa por haber hecho una escena de ese tipo, el silencio de Owen no ayudaba tampoco, pero la mano sobre su muslo en caricias suaves la terminaban de confundir mucho más. Cuando llegaron al edificio Edneris bajo sin permitirle al hombre dar la vuelta para hacerlo, era difícil para ambos lidiar ante los sentimientos nuevos que estaban experimentando en su nueva relación y que eran normales, celos y disgustos completamente normales. – ¿Vamos a hablar de todo esto? – pregunto Owen una vez estuvieron en el apartamento. – Quisiera ir a acostarme, no quiero pelear contigo y no tengo ánimos de repasar los hechos. – fue a la cocina pues

