Drago, sintió la mirada de Pinea sobre él, al levantar la vista se topo con sus ojos azules observándolo con extrañeza, Drago, le sostuvo la mirada por un momento esperando que ella dijera algo, pero en lugar de eso se giro y camino hacia la ventana. Pinea, era una mujer muy hermosa y se movía con gracia. Drago, no entendía como no se dio cuenta desde el principio que nada en ella era común.
Su largo pelo rojizo brillaba con la luz que entraba por el ventanal, su piel era muy blanca y sabia que al tacto era como la seda, ese pensamiento le hizo sentir un cosquilleo en sus manos al recordar vívidamente la sensación tan placentera que había experimentado al tocar palmo a palmo su bello cuerpo. Drago, cerro los ojos respirando con calma su entrepierna, había reaccionado a sus pensamientos algo que lo asombro, normalmente él podía controlar su cuerpo nunca era al revés. Él ya no era un jovencito dominado por las hormonas.
Se movió frustrado tratando de dirigir su atención al lugar. El salón era muy amplio tenia una gran chimenea, que era lo principal que llamaba la atención solo al entrar, enfrente de esta había muchos cojines acolchados, eso le recordó a su madre, los días en que todo era paz, alegría y no tenía que resolver problemas ajenos.
Pinea era consciente de cada movimiento de Drago. Él no la estaba pasando nada bien. Se giro discretamente para observarlo, él caminaba de un lado a otro como un animal enjaulado. Ella sabia perfectamente como se estaba sintiendo en ese momento, ese sentimiento la hizo acercarse de nuevo a él.
-Aún estas a tiempo, habla con mi padre y sigue tu camino príncipe Drago.
Drago, no la sintió acercarse, pero sus palabras lo asombraron y en ese momento se sintió seguro de la decisión que había tomado, ella se merecía a alguien que la cuidara, aunque él aun no sabia como hacerlo, pero se sentía responsable.
-Ya es tarde para arreglar esto princesa, pero si lo piensas bien podría ser de beneficio para los dos.
Pinea, lo observo con interés tratando de entender a que se refería con beneficio para los dos, por lo que ella sabia ambos estaban siendo obligados a casarse. Solo que se refiriera al hecho de que sus clanes se unirían, pero eso seria cosa de sus padres y él tendría el doble de trabajo.
-Lo siento, pero no te entiendo, no le veo lo positivo por ninguna parte, perderás tu libertad y yo estaré casada con el asesino de mi esposo.
Pinea, estaba dolida y las ultimas palabras las había dicho con desprecio en la voz, Drago, deseo decirle la verdad, pero lo pensó mejor el asesino había sido su hermano, su sangre, realmente la verdad no haría la gran diferencia.
-Podría ser peor Pinea, conmigo no tendrás que cumplir como mujer, ya no tendrás que rendirle cuentas a tu padre, esto será un acuerdo solo entre nosotros dos, será como si fuéramos socios, cada uno tendrá su libertad de alguna manera.
-Como arreglaremos la parte de los herederos, sabes que es nuestra obligación el tener hijos.
-Iremos paso a paso, tu tienes más hermanas y yo un hermano, si no logramos el objetivo nuestros padres tendrán que obtener al siguiente en la lista de otra manera y nosotros habremos cumplido hasta donde nos fue posible.
Pinea, se quedó pensativa por un rato en el cual Drago pensó que ella rechazaría su propuesta, pero al levantar la vista de nuevo hacia él sus ojos tenían un brillo especial.
-Creo que habrá dificultades, pero debo de admitir que eres mi mejor opción príncipe Drago, pero dime algo, tu no tienes a alguien especial en tu vida. Yo ya estuve casada y se que el amor si existe no deseas experimentarlo.
-No creo en eso Pinea, como príncipe siempre e tenido a la mujer que deseo en el momento, no deseo tener un vinculo fuerte con ninguna mujer, solo creo en el deseo, se acaba y ya está, eso no tiene porque preocuparte yo no te molestare en ese aspecto y yo seguiré igual que siempre.
Pinea observó a Drago, el era muy apuesto estaba segura de que no le faltarían mujeres que estuvieran más que dispuestas a complacerlo. Sabía que eso debería de hacerla sentir bien, pero por alguna razón le molestaba que el fuera tan frio en ese aspecto, por lo que se atrevió a ser igual de directa que él.
-Supongo que yo podre tener los mismos derechos que tú en mi alcoba.
Drago pareció confundido, él no parecía saber que contestar, pero después de unos momentos el volvió a la normalidad retomando su misma confianza, levanto la vista y sus ojos plateados la observaron con atención.
-Supongo que después de estar casada tendrás necesidades, algo en lo que yo puedo ayudarte más que complacido en eso no somos desconocidos, por otra parte, no sería bueno para ti que hubiera rumores desagradables sobre tu virtud.
Pinea se ruborizo por la franqueza de Drago, suponía que era mejor así, todo de frente sin ponerle moños, estaban haciendo un trato solo eso un acuerdo sin sentimientos de por medio.
-No debes de preocuparte tanto, princesa, creo que esto tendrá sus ventajas, nosotros no nos amamos creo que el amor lo complica todo, Nosotros podremos hablar con tranquilidad de los problemas que se vayan presentando y los resolveremos juntos de la mejor manera estando ambos de acuerdo.
Pinea seguía dándole vueltas a la platica que había tenido con Drago. Él se había marchado a casa para hablar con su familia para que todo quedara arreglado lo antes posible. Tanto él como ella no deseaban alargar las festividades querían algo sencillo y rápido.
Pinea, ya había disfrutado de una linda boda llena de detalles románticos, la primera noche había sido única, jamás volvería a tener nada igual, ahora solo se trataba de un acuerdo, aunque todo cambiaria para ella, estaría unida de alguna manera a Drago, aunque no fuera por amor ellos estarían casados para siempre según sus costumbres solo la muerte podría separarlos.
Drago, había llegado a casa, solo los sirvientes lo habían recibido. Le parecía una injusticia que su padre y su hermano no se sintieran ni un poco preocupados por él, después de que se había ido para arreglar problemas que él no había causado.
-Bienvenido a casa príncipe Drago ¿Desea que le prepare un baño relajante?
-Eso estaría muy bien Falú, prepáralo, me será de mucha ayuda, mientras voy a hablar con mi padre.
Drago llegó hasta la puerta de los aposentos de su padre, su sirviente le abrió la puerta anunciándole a su padre su presencia, Gino, estaba leyendo en su sillón favorito al sentir su presencia levanto la vista hacia él, observándolo con atención.
-Bienvenido hijo, es bueno que estés en casa, supongo que estarás molesto por la deuda que te a tocado pagar en lugar de tu hermano, se que no te parecerá justo, pero creo que ya estas en edad de casarte, ya veras que te sentará bien.
Drago no podía creer tanta desfachatez, cerró los ojos por un momento tratando de contenerse para no decir lo que pensaba de todo eso, pero en ese momento el sirviente de su padre anuncio la llegada de Yamil, lo que le faltaba.
-Hermano, ya estas en casa ¿Qué tal salieron las cosas? ¿Qué les diste a esos tontos para que nos dejaran de molestar con sus necedades.? Le dije a mi padre que dándoles un susto y nos dejarían tranquilos, pero ya sabes él y su diplomacia.
-Yamil, tu hermano ha aceptado casarse con la princesa del clan Devanes, eso ha sido lo que ha pedido Velay para pagar la deuda por la pérdida de su protector.
-Hermano, pero ella ya no es una doncella creo que no fue un buen acuerdo deberías rechazar la propuesta, somos más fuertes que ellos podemos acabarlos.
-Esto es precisamente a causa de tus locuras Yamil, no podemos ir haciendo lo que nos da la gana, hay reglas que seguir ya deja de actuar irresponsablemente esta será la ultima vez que pago por tus errores.
-Drago, no le hables así a tu hermano, él no fue el único responsable tanto el príncipe de Devanes como tu hermano estuvieron de acuerdo en la lucha, el perdió eso fue todo.
-Padre, Yamil fue cruel no lo puedes ver, esa no fue una lucha justa no tenia que haber pasado, no te das cuenta, supongo que no, pero ya no estoy dispuesto a seguir limpiando los desastres de tu hijo, voy a casarme, Yamil, ahora será tu responsabilidad los clanes se unirán y yo tendré que cuidar de ambos, habrá nuevas reglas de las cuales nadie quedará excepto de seguirlas ni siquiera Yamil, padre.
-Hermano, pero yo soy el príncipe, no tengo porque seguir reglas ¿Verdad, padre?
-Yamil, tendrás que madurar ya es tiempo, si no tendrás que conocer el lado cruel de la vida hermano, yo no quiero ni puedo seguirte cubriendo.
Drago salió de los aposentos de su padre sin hacer caso de las protestas de ambos, estaba tomando una gran decisión que cambiaria su vida para siempre, no hubiera deseado casarse nunca, esa era la verdad, le gustaba su vida sin ataduras, ya tenia suficiente con las obligaciones que le acarreaban su padre y su hermano, pero ya había dado su palabra no había marcha atrás.