El golpe fue más ruido que nada, simplemente para sacarme del camino y lo había logrado, estaba en el suelo en una calle húmeda y con las nubes pasando de un lado al otro. Me levanté del suelo y corrí hacia el auto, la mujer estaba con la cabeza en el volante, ante te despertarle para quitarle de la carretera, no sonaba nada ni nadie y no parecía que sería un problema mover su auto a la orilla. Intenté despertarle nuevamente. —¿Hola?—Dijo Arturo. — Señorita, ¿me escucha? Se río. —¿Pensaba usted matarse? Es un día terrible para subir en motocicleta. —¿Está bien? —¿Está bien? —preguntó mientras se reacomodaba en el asiento. —Le he salvado la vida. Mi nombre es Ada. ¿El suyo? —Mi nombre es Arturo. Tienes un golpe en la cabeza, Ada. Por fortuna, soy médico, voy a correr el auto, ¿c

