CAPÍTULO VEINTINUEVE Ella intentó no mirar embobada, pero no pudo evitarlo. Se detuvieron frente a la casa de Claire, que parecía sacada de un reality show de esposas ricas. Dos puertas de hierro forjado conducían a un camino de entrada de ladrillo lo suficientemente amplio como para que entrase un avión 747. La entrada a la casa era un enorme porche de cristal que abarcaba todo el ancho de la propiedad. Nunca esperó que existieran casas así en esta parte de la ciudad, y mucho menos que pertenecieran a alguien con la profesión de Claire. ―Creo que nos hemos equivocado de trabajo ―dijo Mia. Se acercaron a la entrada de cristal y se asomaron al interior―. No sé ni dónde llamar. Ella le dio un golpecito al cristal. Esperaron unos segundos. No había ningún coche en la entrada y Ella realmen

