–Ah… no lo sé, Antón –murmuré –. Creo que es demasiado. –Es perfecto –sonrió. –Pensé que era una fiesta de trabajo, no una pasarela –mencioné. El vestido que Antón decía que era perfecto a mi me parecía que llamaba demasiado la atención, de seda color vino con falda de tul y un cuello profundo V mostrando parte de mis pechos, tenía algo de brillo en la parte de arriba y me hacía sentir como si fuera a una fiesta de la tía Cloe. –Bueno, es lo que yo quiero que uses. –Quisiera algo más discreto –mencioné –. ¿Qué tal el ne.gro? Había un vestido de encaje color n***o con falda de tubo, era más sencillo y discreto, tal vez debería elegir algo más profesional. Después de más de tres horas en la tienda terminamos de acuerdo con un vestido brillante dorado con cuello halter y corto,

