[ZEHRA] El movimiento empieza antes de que alguien diga una palabra. Lo sé por el cambio en el aire, por esa forma casi imperceptible en que el silencio se tensa cuando una decisión ya fue tomada lejos de mí. Los hombres afuera se activan al mismo tiempo, como piezas de un mecanismo que no necesita órdenes en voz alta. No corren. No levantan la voz. Eso es lo más peligroso. Cuando Leonardo decide algo, todo ocurre con una eficiencia que no admite dudas ni marcha atrás. —Prepárate —dice él, sin mirarme—. Nos vamos ahora. No pregunta si puedo. No le importa si estoy lista. No le importa nada que no sea ejecutar. Me pongo de pie despacio. El cuerpo me pesa distinto hoy, como si el tiempo hubiera decidido caerme encima de golpe. Siento el pulso en la garganta, en las sienes, en el vientre

