Malditas perras locas. Barbara había perdido la cuenta de los días que llevaba ahí dentro. Le dieron unos artículos de limpieza y le llevaban comida. También limpiaban el balde. Ella no se había sentido tan desprotegida, indefensa e insultada en toda su vida. Había noches que se las pasaba llorando pidiéndole a Dios que ocurriera un milagro. Al menos tenía la esperanza de que pasara algo así. —Por favor te lo suplico, a mi hazme lo que sea pero no dañes al bebé... —No vamos a dañar al bebé...vamos a esperar unas semanas e induciremos el parto. Pagan demasiado por un bebé rubio y blanco, en el mercado n***o como para matarte ahora mismo sino no nos hubiéramos tomado el trabajo de secuestrarte...hubiésemos pagado para fingir un asalto seguido de muerte y listo ...— le dijo Pamela con

