Al escucharlo reír, el cielo y la felicidad se abrieron ante el menor, quien se acercó más y más, hasta trepar y sentarse sobre su abdomen, desde donde lo miró; sus ojos se inundaron de rojo, y pensó que podría llorar en cualquier momento, porque… ¿cuándo fue la última vez que lo escuchó reír de esa forma? Y Luke no paró. Su risa rebotó y contagió a un Blaise que se lanzó a abrazarlo sin dudar, porque era tan hermoso… La viveza, la chispa, la felicidad y la sensación de logro que escuchaba en esa risa lo hicieron estremecerse al punto en el que el estómago se le revolvió, y pensó que podría vomitar en cualquier segundo. Cuando Luke reía, cuando lo hacía de verdad, su tono se endulzaba, la ligereza invadía su cuerpo, y todo a su alrededor se volvía suave y especial. —Maldición… lo logré

