Capítulo 2.
*Noche intensa.
Vanessa sonríe mientras es arrastrada por sus amigas al centro del lugar para tomarse fotografías. Desde el aeropuerto al hotel, empieza su diversión y sus guardaespaldas no son impedimento para ella; la está pasando bien. Entre comida y planes, las chicas se reúnen en la habitación de Vanessa, donde ya pueden estar solas. Muchos planes y no saben por dónde empezar. Las tres chicas se reúnen en el balcón, donde se abrazan observando el hermoso paisaje que se aprecia desde su suite. Se siente paz, una paz que ella no había sentido jamás, un aire de libertad como ninguno.
—VANESSA, VAMOS, VAMOS, DATE PRISA, AMIGA, QUE NOS DEJA EL AUTOBÚS.
Vanessa corre por su habitación ante los gritos desde el pasillo.
—Pero niña, se te pegaron las sábanas.
—Ya estoy aquí, ¿y Clara?
—Está averiguando algo en la recepción, vamos.
Vanessa nota la mirada de maldad de Angelica, quien la toma de la mano guiándola a la salida, donde Clara las espera. En cuanto se reúnen, se suben al taxi que las lleva por la ciudad a una plaza donde esperan varios turistas para subir al tour. Las chicas están felices, la emoción de recorrer la ciudad no las deja ni comer. Todo es tan hermoso, desde los museos, las galerías de arte, las plazas y salas de historia; conocen más de la ciudad y sus resultados con su comida espléndida las enamoran.
—Quisiera vivir aquí, cuánto daría porque la vida me cambiara y mudarme aquí.
Clara ama Francia; no había venido desde que era muy niña y los recuerdos son tan borrosos que estar en el lugar la llena de alegría.
—Yo me apunto, es muy hermoso todo, aunque no cambiaría por nada la clínica; esto es genial.
Vanessa sonríe como nunca antes.
—Solo mírate, sonríes, qué bien, por fin puedo ver tus dientes; realmente este lugar saca lo mejor de ti. Si solo tus padres no trataran de controlarte, creo que serías más feliz.
Angélica levanta su copa ante los dos guardaespaldas que no dejan de seguirlas.
—Seguro así sería.
*
*Cuatro días después*
Después de compras, salidas a teatros, cine, museos, paseos en botes, canoas, mucha comida y diversión desde Annecy, sus lagos y montañas, están listas para pasar su antepenúltima noche en la ciudad y para eso el plan de deshacerse de los guardaespaldas se pone en marcha.
—Abre, Vanessa, abre.
Los golpes en la puerta de Vanessa la asustan, poniéndola más nerviosa; al abrir, sus ojos se posan en los hombres inconscientes que las chicas arrastran por el lugar.
—Pero, ¿qué fue lo que hicieron?
Expresa Vanessa con asombro al ver a los hombres inconscientes.
—Los drogamos, estarán dormidos por horas, tranquila, no pasará nada.
Clara y Angélica dejan a los hombres en el sofá y se fijan en Vanessa, que luce muy hermosa, pero también muy nerviosa.
—Demonios, amiga, luces como toda una reina, ese vestido te queda sexy y muy ajustado; tus padres te matarían si te vieran.
—Sí, sí, pero le falta algo.
Dice Angélica, quien de inmediato se acerca a ella y le suelta el cabello, le coloca brillo en los labios dejándole un tono que resalta su sensualidad. Se ve muy hermosa, tanto que deslumbra como nunca antes.
—¡O POR DIOS! VANESSA, SOLO MÍRATE, AMIGA…
—SUUUHH, haz silencio, Clara, todos nos escucharán.
Vanessa se sonroja ante los halagos de sus amigas.
—Lo sé, pero vamos, debes admitir que jamás usarías algo así con tus padres a tu lado, amiga, solo mírate… —La hace verse al espejo. —Solo mira a la hermosa mujer que llevas guardada.
Vanessa sonríe con timidez ante su reflejo en el espejo; es toda una mujer, no la niña que sus padres aún ven en ella.
—Bueno, es suficiente, vamos a divertirnos.
Dice con entusiasmo, tomando su bolso.
—Así se habla, a divertirnos, que la noche apremia.
Al llegar a la entrada del hotel, un coche las espera. De él sale un joven muy guapo, a quien Clara se abraza al verlo, dejando saber que es su primo ante tantos afectos de cariño.
—Querido primo, cuánto tiempo sin verte.
—Igual digo yo, prima, estás muy hermosa.
—Gracias, déjame presentarte a mis amigas. Angélica, Angélica, él es Mateo…
Hace una pausa mientras señala a la morena que sonríe con alegría al rubio de ojos verdes.
—Es un placer, Angélica.
—El placer es mío, Mateo.
El coqueteo es evidente y ante Clara no es sorpresa; Angélica es puro fuego y Mateo, coqueto empedernido. Sin embargo, la mirada de Mateo se va directamente a Vanessa, quien espera ser presentada, tomando su distancia como acostumbra. Su actitud es muy familiar ante Mateo, quien sonríe al verla de pies a cabeza.
—Soy Mateo, ¿tú debes ser Vanessa?
Vanessa lo mira con una sonrisa ligera y asiente.
—Es un placer, Mateo.
—El placer es mío, eres tal como me lo han contestado.
—¿Así? ¿Qué te han contestado?
Lo hace sonreír y negar ante su pregunta.
—Prefiero no decir mucho; Clara se reservó el hecho de que eres muy hermosa.
Vanessa mira a Clara y luego a Mateo con una mirada llena de curiosidad ante todas las cosas que de seguro le habrá dicho Clara.
—Gracias, Mateo.
El silencio se hace presente y todos disfrutan del viaje hasta que llegan a un club. Mateo saluda a todos en la entrada mientras las ayuda a bajar del coche; todos les ceden el paso a medida que se van adentrando al lugar. Vanessa no acostumbra a estar en este tipo de lugares y eso la hace sentir nerviosa ante lo que le espera. Los sigue hasta una mesa y en el instante en que están frente a ella, dos chicos se levantan de sus sillas para recibirlas. De inmediato, su mirada se posa en la de un joven muy guapo, tanto que intimidan esos hermosos ojos azules que se posan en ella y se deslizan con rapidez ante la voz de Mateo.
—Chicas, déjenme presentarles a mis amigos, él es Niki London…
El pelirrojo se presenta ante las chicas dejando en anonimato al hombre más importante de la noche, quien no puede evitar cruzar miradas con Vanessa de manera intensa y discreta, porque por más que trate de no enfocarla, algo en ella lo atrae con rapidez, quizás su timidez o el hecho de que su belleza lo ha impactado mucho.
—Y él es Cristian Flawer, nuestro anfitrión de esta noche.
Dice con orgullo Mateo, ante su mejor amigo.
—Es un gusto conocerlas.
—Cristian, ella es mi prima Clara y sus amigas Angélica y Vanessa.
Las chicas se acercan una por una y le tienden la mano. La presentación con las chicas surge de manera normal, pero en el momento en que su mano se roza con la delicada mano de Vanessa, sus miradas se unen ante una fuerte conexión que los hace alejarse de manera prudente.
—Es un placer, Vanessa.
—Igualmente, Cristian.
La tensión se siente en sus miradas mientras se alejan discretamente.
—Bien, QUE EMPIECE LA FIESTA.
Grita Mateo pensando en las bebidas, mientras que todos se acomodan en la mesa. Los chicos ayudan a las chicas y en esta ocasión Cristian ayuda a Vanessa; le abre la silla y le tiende la mano, ayudándola como todo un caballero.
—Gracias.
—No tienes que agradecer.
Los chicos empiezan a traer bebidas, platican un poco de sus vidas, la velada va avanzando, la química entre los chicos va surgiendo natural y empiezan a divertirse ante las ocurrencias de Niki, mientras que Cristian se mantiene atento. Es un hombre muy educado, su seriedad es normal ante los que lo conocen, pero para las chicas no, y es el momento de comentarlo al verlos levantarse para ir por más tragos.
—Pero qué hombre, amiga, es todo un caballero, su altura me derrite y esa mirada.
Angélica vota la baba por Cristian.
—Esa seriedad, por Dios, ya tengo mucho con soportar a Vanessa, lo siento, amiga, pero sabes que soy honesta.
Vanessa sonríe sin comentar.
—¿De qué hablas? Me encanta su acento, la manera reservada en la que actúa y lo guapo, alto y rubio que es; solo imagino pequeños bebés con ese bombón.
Todas ríen y se contienen al verlos volver; los chicos, al igual que las chicas, hablan de lo hermosas que son; como es de costumbre, Cristian no comenta.
—Amigo, vamos, ¿me dirás que no te llama la atención ninguna de las chicas?
—Deja de molestar, Niki, sabes que Cristian está comprometido.
—Dejen de hablar de ellas como si fueran un trozo de carne, vean más allá; más tú, Niki, tu padre quiere herederos pronto, piensa bien con quién te metes, no estés dejando hijos por todos lados.
El comentario de Cristian, como es de costumbre, hace molestar a Niki, quien lo mira muy serio.
—No todos tenemos la vida arreglada y organizada como tú, Cristian; yo estoy joven aún y no pienso desaprovechar mi juventud. No todos nos guiamos por un protocolo; deberías disfrutar más.
—Deberías hacer lo correcto, no todo es pastillas ni fiesta.
Los chicos se limitan a comentar ante el hecho de que es Cristian quien paga todo y que, a pesar de su prepotencia, es una gran persona y un buen amigo. Se conocen desde la universidad y desde entonces son inseparables; lo único que los incomoda es que Cristian antes era más divertido. Desde que se comprometió, sus pensamientos y su forma de actuar han cambiado. Cristian le entrega a Vanessa una bebida suave mientras que las chicas van con algo más fuerte; es como si la analizara y conociera sus gustos. Se divierten, platican de sus vocaciones y, como es de costumbre, Cristian y Vanessa son un poco más reservados; eso lleva a los chicos a dejarlos solos. El silencio se extiende mientras los chicos le hacen una señal para que la saque a bailar. Para Cristian, eso significaría estar en la primera plana y, conociendo a la prensa, harán un gran escándalo si lo ven bailar con alguna mujer.
—¿Quieres otra bebida?
Pregunta Cristian para cortar el silencio.
—Sí, sí me dejas invitarte también.
Lo hace sonreír ante sus palabras; no lo esperaba. Es la primera mujer que le dice algo así; sin duda llama su atención tanto como la de Vanessa, quien puede notar su hermosa sonrisa que cautiva.
—No puedo hacer eso, se supone que soy yo quien debe pagar la cuenta.
Expresa con curiosidad la respuesta que ella le dará.
—Eso lo haces en tu país, en el mío no, no acostumbro a que me paguen las cosas. ¿Te molesta si compartimos la cuenta?
Vanessa no se da por vencida y Cristian puede notarlo.
—¿No te haré cambiar de opinión, cierto?
—No.
Dice con una hermosa sonrisa.
—Bien, si lo deseas, dejaré que pagues dos máximo; el resto lo pago yo, así los dos ganamos.
—Bien, si eso te hace sentir mejor.
—En realidad estaría conforme si me dejas ser cortés e invitarte por esta noche.
Ella niega, mirándolo incómoda; es algo a lo que no está acostumbrada, se siente incómoda, no quiere que él piense que se aprovecha o que es interesada; esa no es la impresión que quiere dar.
—¿Eres doctora?
Pregunta Cristian buscando un tema de conversación.
—No, aún estoy estudiando; esta carrera nunca termina, siempre hay algo nuevo que estudiar, algo que analizar y aprender, pero es una gran profesión.
—Lo importante es que hagas lo que te gusta. ¿Has disfrutado del tour?
—Sí, ha sido mi sueño desde muy joven… —Vanessa le expresa su pasión como a nadie, mientras que Cristian la mira atento. —Cuando amas lo que haces, simplemente no existe nada que te haga cambiar de opinión, se vuelve todo lo que deseas. Sobre el tour, maravilloso, es una hermosa ciudad, aunque no tengo mucho tiempo para recorrerlo todo; deseo conocer lo más que pueda y, de ser posible, volver algún día; realmente ha sido increíble.
—Espero puedas llevarte un buen recuerdo de la ciudad.
Vanessa sonríe.
—Me llevo muchos.
Responde llamando la atención de Cristian, quien puede notar sus sinceras palabras. Una conversación lleva a la otra y ya están hablando de la hermosa París, a la que Vanessa solo podrá ver en su corto recorrido de vuelta a casa, pero Cristian le platica un poco y ella, muy emocionada, lo escucha atento.
—Gracias, ¿me disculpas?
—Por supuesto.
Cristian se levanta para sostenerle la silla y la ayuda como todo un caballero. Vanessa va al baño; está cautiva con la personalidad de Cristian, la manera prudente en la que platica, sin ir más allá, y deja que todo fluya con normalidad. Es un hombre de ensueño; según sus amigos, su personalidad siempre es así, es encantador y se podría decir que el sueño de muchas damas como ella que aspiran a ese príncipe azul de novelas, que es muy parecido a lo que tiene al frente. Al volver, Vanessa puede ver los tragos en la mesa; los chicos han vuelto y Cristian se vuelve a levantar para recibirla. La ayuda a volver a su lugar y los chicos pueden notar que entre ellos es algo más cercano.
—Cristian, vamos, hermano, sácala a bailar, la pista está llena, no te verán.
Niki insiste en que Cristian se relaje; puede ver que le llama la atención Vanessa, pero la mantiene distante por su compromiso, que ante sus ojos es una locura, y quiere hacerlo reaccionar.
—Deja de insistir.
—Hey, hermano, te entiendo, pero aquí no hay prensa, nadie sabe que estás aquí; la chica se ve aburrida ante estar sentada contigo. Piénsalo, no la vas a volver a ver más.
—Mateo, relájate y disfruta; si deseas, puedes invitarla a bailar.
Los chicos se miran y niegan con seriedad; la noche transcurre y se divierten. Para los demás, la seriedad de Vanessa y Cristian les arruina la vista; desean que se unan a ellos como ellos lo hacen y la pasarían mejor. Están ebrios; Cristian y Vanessa los observan y se mantienen distantes. Vanessa es de poco tomar y Cristian se mantiene lúcido para ayudarlos en caso de que lo necesiten. Los chicos se levantan y desde la barra llaman a Vanessa, quien nota sus señales.
—¿Qué haces, hermano?
Pregunta Mateo ante las acciones de Niki.
—Me tiene harta su rectitud; a mí no me recibe trago, pero a ella sí se lo va a recibir. Le gusta Mateo; él no sabe de lo que se pierde; lo voy a ayudar.
—No me jodas, tío, si se entera, me meterás en un lío.
—Nadie lo sabrá, no se acordarán mañana. ¿Ya tu prima está lista? Nos vamos en cuanto se descuiden.
—Están ebrias y dispuestas.
Responde Mateo.
—Por supuesto que sí, esta noche no seremos los únicos que perdamos la cabeza.