El estómago me tiembla con los nervios que siento por tener que enfrentar a Apolo. Él me sigue viendo desde su posición, serio, con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta y esperando a que yo me digne a salir. Su postura es tranquila, aunque noto la tensión en sus hombros. No sé qué quiere hablar conmigo, ha estado insistiendo tanto estos últimos días que entiendo será algo serio. Pero, realmente, ¿qué espera de mí después de todo lo que pasó en ese último encuentro? No se ve como ese Apolo burlón que me despidió como la puta de turno. Pero eso no significa nada. Cuando se trata de él más volátil no puede ser el escenario en el que acabamos. Tomo una profunda respiración y desvío mi mirada de él, no puede ver que me afecta de alguna manera. Ya me cansé de que siempre sea él

