Vuelvo a mirarme al espejo y veo el brillo en mis ojos, el brillo de las lágrimas. La conversación con Eros me desestabilizó de muchas maneras y, a la vez, me aportó un poco de libertad. Libertad que no sabía que necesitaba con tanta urgencia. Seco mis manos antes de salir del baño, sabiendo que del otro lado de la puerta debe estar Amalia. Tomo una profunda respiración, porque lidiar con ella ahora va a ser complejo. Está enojada, yo me siento avergonzado, no sé cómo va a desarrollarse nuestro encuentro, solo estoy seguro de que lo que me diga…eso haré. Abro la puerta y mis ojos se cruzan al instante con el azul hielo de su mirada. Un escalofrío me recorre de pies a cabeza, ella logra estremecerme siempre, cada vez, me tiene en su maldita palma y no sé si lo sabe, pero no me aterra deci

