Salgo de mi espacio, ese que era como mi lugar seguro en este edificio hacia la oficina que no quiero pisar jamás, aunque también fue un lugar donde me sentía bien en el pasado. Mis pasos son firmes, seguros, mi espalda está recta y me muestro como siempre, pero por dentro no estoy nada tranquila. Siento el corazón latiendo duro en mi garganta, mis manos sudando frío y las piernas temblando solo un poco. No sé si es preocupación, una mala impresión o solo rabia que siento por este hombre, pero más me vale mostrarme completamente ajena a sus desafíos o esto será más complicado. Al llegar a su oficina está su asistente hablando con otra empleada, una chica que también trabaja en este piso. Ambas me miran cuando me acerco y no me quedan dudas de que alguien está extendiendo la lengua para

