Narrado por Emilia Santoro Ingenua de mí creer que el aumento que tendría de más de 20 kilos en los próximos meses, fuese lo peor que me pasaría. Lo peor fue armar mi maleta de mano de fugitiva, una pobre maleta con apenas 10 kilos. ¿10 kilos cuándo mi panza me haría pesar el doble? La vida me odiaba, debía considerar que era una perra sin corazón. Probablemente lo era. Con Mónica dejándome abordar en el avión de su familia a la madrugada, no tuve mucho tiempo o espacio para empacar mi vida en ese miserable espacio. Y allí fue donde empezó mi tortura. Mis documentos, equipos electrónicos y otros esenciales de higiene ya me ocupaban la mayoría de la maleta. Por lo que tuve que decirle adiós a mis hermosos vestidos Valentino, mis adorables zapatos Bottega Veneta y verme en la agonizante

