El camino al restaurante fue rápido, quedaba relativamente cerca, mi secretaria hizo la reservación, al salir del edificio ella se subió la capucha del suéter que cargaba, ni siquiera me di cuenta que cargaba uno, me sentía como hace en los viejos tiempos el aroma de su piel inundaba todo el espacio, al llegar al restaurante, ni siquiera espero que le abrieran, salió rápido, haciéndome sonreír, siempre tan impaciente, di mi nombre y enseguida nos llevaron a una mesa bastante retirada, algo más íntimo, ella no quería que la vieran y yo no quería exponerla. El maître nos presenta el menú, decidimos pedir lo que ofrece la casa, la verdad n tenía hambre pero quería pasar un tiempo a su lado, aun no podía creerlo, estaba conmigo, recibo un mensaje de Andrés diciéndome que voltee a la derecha y

