Al llegar al hotel, Ramiro me estaba esperando vuelto un infierno, así que me tocaba dosis de puños, entro a la habitación y lo veo sentado en el recibidor. —¿Dónde estabas?.— pregunta apretando los dientes —Salí a dar una vuelta y a desayunar como no me llamaste, pero ya tengo las maletas lista podemos irnos cuando quieras. —digo presa del miedo — ¿si querías comer afuera porque no me dijiste? — pregunta algo sospechoso — ¿ qué pasa, cual es el interrogatorio? Soy tu esposa y creo que aún no estoy en una cárcel para que me tengas controlada. —digo para no levantar sospechas —No eres mi prisionera, pero con lo que hiciste me queda claro que eres capaz de engañarme.- —Ya te explique, además si de infidelidad se trata tú te ganas el primer puesto.- —No te vayas por ese lado que todo

