—Patrón, esto de convertirse en héroes no se siente nada mal, espero que estos actos resten a mi larga lista de errores. —Míralos como entrenamientos para lo que sea que el señor Dios nos necesite. —En todo caso, se siente la v***a hacer el bien. —¡Papi! En ese instante miré hacia el llamado, me sorprendió ver a Dante corriendo y sonriente hacia mí, más atrás venía Enrique. Pero, ¡qué carajos! » Papi, papi, papi. —¿Papá? Los brazos de Enrique también pedían que lo cargara, estaban sudados y se veían cansados. Mi celular sonó, dejé a los niños en el mueble, miré las pantallas, cuatro seguían volando y Cebolla dejaba a un tipo en el puesto de copiloto. Contesté la llamada era Verónica. —¡Roland! —¿Qué pasa? —intuía lo que pasaba al ver a mis dos hijos descansar en el mueble. —

