Sentir sus labios era la mejor sensación del mundo. Había besado muchos chicos antes, pero ninguno era como Steve, desde la primera vez que lo vio sabía que él era distinto a los demás. Era único. Sabe que no es perfecto, que tiene defectos al igual que ella, y lo ama aún más por eso. En dos años que lleva a su lado no ha cambiado de parecer en ningún momento. - ¿Por qué me miras así? - pregunta el hombre de ojos avellana intrigado - Comienzo a sentirme un poco avergonzado. - Eres hermoso - le dice - y creo que no puedo estar más enamorada de ti. - Quiero darte algo. - ¿Tan rápido? ¿No quieres esperar un rato más? - No me refiero a eso, tonta ¿Por qué todo lo relacionas al sexo? - ríe Steve y busca una pequeña caja dentro de su mesa de noche - ábrela. - Espero que no sea un anillo de

