HARPER Tras unas horas de clases, acompañé a Melisa al campus para tomar un respiro antes de la siguiente. Por más que intentaba fingir que todo estaba bien, a veces mi mente divagaba; ella hablaba con entusiasmo, pero su voz me sonaba como un eco lejano. —Pues sí, como te decía… Mario y yo estamos muy bien. Jamás había sentido algo así por alguien y tengo miedo de arruinarlo. Él es tan centrado, maduro, tan lindo y a la vez atrevido… ¡me encanta! —exclamó emocionada. Asentí con la mirada fija en el césped. —Harper, ¿sí me estás escuchando? —S-sí… —respondí en automático, esbozando una sonrisa apagada—. Me alegro mucho por ti y Mario. Melisa entrecerró los ojos, escrutándome con sospecha. —Has estado muy rara todo el día. Estás callada… distante. —Todo está bien —mentí, bajando la

