HARPER Me gobernaban mis sentimientos, el amor y la pasión que ya no podía negar, ni mucho menos ocultar. ¿De verdad dijo eso? ¿Me necesitas tanto como yo a ti? ¿Es por amor? Las preguntas se acumulaban en mi cabeza, al igual que la indecisión y la incertidumbre. Sus ojos me observaban con una profunda intensidad y el ardiente deseo que no se molestaba en disimular. Sentía su respiración chocar contra mi piel, el roce invisible del deseo contenido entre los dos. Mi corazón latía tan fuerte que pensé que él podría escucharlo, o peor aún, sentirlo. —Y-yo… yo… —¡OIGAN, PAR DE IDIOTAS! —el grito de Melisa nos sacudió a ambos. Él volvió a su asiento y yo me acomodé en el mío. El auto de Mario estaba justo al lado de nosotros y ni siquiera nos dimos cuenta de cuando llegó. Mel tenía med

