Acaricio su pecho con mi mejilla y aprieto un poquito más mis brazos en torno a su cintura. Me gusta estar tan pegadita a él después de una eternidad sin saber ni pio sobre su paradero o estado. Estaba realmente frustrada por tanta desinformación. Ni siquiera tengo la necesidad de llenar el silencio con cualquier cosa que se me pase por la cabeza, y eso es decir muchísimo, porque siempre siento que es algo que tengo que hacer, hablar para acabar con el silencio. – ¿A dónde ibas? – levanto la mirada hacia él y sonrío al verlo tan relajado y tranquilo. Parece una pintura que me gustaría retratar si es que tuviese el talento para hacerlo. – Buscar un perrito, quiero uno – me emociono otra vez al recordar mi idea – Tienes mucho trabajo y estoy segura que en algún momento tendrás que volver

