ELIANA —Este es un suero. —Iván extendió su mano y en ella había una botella ámbar de plástico. Un arco se formó entre mis ojos y cayeron sobre él. —Podría haber usado el laboratorio en la Manada para crear algún tipo de antídoto para tu padre —agregó. No podía decidir si alegrarme o no. —Ahora, no es una cura total. A menos que de alguna manera podamos evitar que lo envenenen, esa es nuestra mejor oportunidad. Pero, esto… —Me lo entregó, apretando mis palmas justo después—. Podría retrasar la progresión del veneno en el sistema de tu padre y podría darnos algo de tiempo hasta que ideemos un plan —continuó. —Iván. —Mis ojos se estrecharon. —Dije que íbamos a resolver algo, ¿no? —Se encogió de hombros. —Gracias —murmuré. No tenía idea de que estuviera trabajando en algo, pero ya era

