Soy fotógrafa y adoro mi trabajo. Conocí a Fabrice en una sesión de fotos, él es Técnico en Iluminación y aunque yo estaba reticente a involucrarme con alguien, admiraba mucho su trabajo y eso me sedujo.
Tanto hizo que acepté su invitación a una degustación de vinos. Conversamos mucho, ¡teníamos tanto en común! Pero, ¿es eso garantía de que un matrimonio sea feliz y perdure en el tiempo? Pues no, debe haber algo más que solo coincidencias, quizás ninguna en absoluto, o tal vez unas pocas. Lo cierto es que nunca hay garantías.
Hoy estamos aquí, mañana no lo sabemos, por eso simplemente hay que vivir la experiencia.
Fabrice es un hombre temperamental, uno de esos obsesivamente controladores. Hoy puedo decir que era un manipulador patológico, era de esos que te hacían creer que tenías el control, en fin, después de cuatro años de novios, lo inevitable sucedió. Mis padres habían venido a visitarme y, en combinación con ellos, organizaron una cena donde él me propuso matrimonio.
Debí haber dicho que no, pero, ¡vaya!, tenía veintisiete años y Fabrice había sido mi único novio, mi único y primer hombre.
Dije sí.
No puedo decir que nuestro matrimonio haya sido malo, pero era muy estructurado y me sentía por demás asfixiada. Todo debía ser perfecto, todo en el lugar indicado, pero ¡yo era totalmente imperfecta!
Yo era un caos.
Fui amoldándome a esa compulsión del orden, pero jamás me sentí cómoda, jamás me sentí adecuada.
Soy torpe, desmemoriada y desordenada por naturaleza y eso, a Fabrice, lo sacaba de quicio. Durante nuestro matrimonio discutimos más de por dónde apretar el dentífrico o de qué lado se coloca el rollo de papel higiénico, que de cosas realmente importantes. Bueno, al menos importantes para mí.
Por otro lado, había tópicos que directamente estaban vedados; no me molestaba no hablar de política o de su inmaculada y perfecta familia, pero cuando el tema “hijos” quedó en la lista de “vedados” me sentí un poco más fuera de lugar.
Amo a los niños y ¿por qué no decirlo? Los niños me aman a mí. Soy un imán y me encanta. Mi instinto maternal está intacto, siempre deseé ser madre y, con Fabrice, eso no parecía poder ser posible.