Deliciosa y Agresiva Despedida

2938 Palabras
Cameron se despertó cuando los rayos de sol atravesaron su ventana ya con las persianas abiertas, al girarse se encontró con esa parte de la cama ya arreglada y tendida, pensó por un momento que Erika se había marchado, pero podía escuchar desde su habitación que en la cocina estaba alguien, intuyó que se trataba de ella así que se relajó un poco, levantó sus brazos para así estirar su cuerpo dejando escapar un suspiro de cansancio. Acto seguido se retiró las sábanas de encima y se puso de pie dirigiendo su mirada a través de las ventanas, las vistas desde su apartamento eran unas de las mejores de la ciudad, además de que tenía la grandiosa libertad de pararse allí totalmente desnudo que nadie podría quejarse por exhibicionismo de su parte. Se agachó y abrió uno de los compartimientos inferiores de su cama sacando un short para luego ponérselo y dirigirse a la cocina. — Buenos días dormilón — dijo Erika mientras movía el sartén en un vaivén haciendo saltar los huevos revueltos — Buenos días señorita, pensé por un momento que te habías ido — manifestó este acercándose hasta la cocina y sentándose en uno de los taburetes altos — Para nada, pensé que como me abandonas por unos meses lo mejor sería despedirte de la mejor manera — agregó la chica apagando la estufa y moviendo el sartén hasta uno de los platos — ¿Cuándo pensabas decirme que te marcharías a Los Ángeles? Cameron sonrió con ironía, no entendía como Erika sabía acerca de su nuevo trabajo si en ningún momento de la noche anterior se lo había comentado, ¿Había estado hablando mientras dormía? Un sinfín de preguntas le invadieron la cabeza en ese instante. — Como… — hizo una pausa tomando el plato que la chica le puso para que tomara — … ¿Cómo sabes acerca de eso? — Raymond llamó hace un rato, tuve que contestar ya que parecía insistente — confesó la chica — Sólo quería recordarte que tu vuelo sale esta tarde a las tres y también quería cerciorarse de que no le fueses a quedar mal — Raymond… — apretó sus dientes — … Es un imbécil, aún cree que soy capaz de no cumplir un trabajo — El punto no es ese Cameron, quiero saber porque no me dijiste nada — insistió — La verdad es que fue un trabajo imprevisto, luego del despido no esperaba nada y esa oportunidad se me plantó en la cara — respondió Cameron tomando un tenedor y picando los huevos revueltos junto con el bacon servido para después llevárselos a la boca — Creo que debiste decirme no más nos vimos ayer, me siento un poco tonta — confesó Erika tomando su plato y sentándose en el taburete frente a Cameron — ¿Por qué dices eso? — preguntó el chico algo confundido — Entiendo que somos amigos… Bueno — hizo una pausa mientras se le escapaba una sonrisa pícara — … Más que amigos Cameron sonrió al escuchar el comentario. — Quería pedirte que saliéramos más, anoche cuando estuvimos sentí una conexión que no había sentido en mucho tiempo y… — se detuvo para mirar a Cameron que justamente le clavó una mirada de interés en sus palabras — … ¿Podrías no mirarme así cuando hablo? — ¿Así como? — Cameron sonrió ya que sabía exactamente lo que estaba haciendo — ¡Detente! — Erika se sonrojó al instante, no podía ocultarlo Cameron levantó sus manos como aquel delincuente que es capturado, un gesto de rendición para luego agachar su mirada y continuar comiendo. — A lo que me refiero es que esta vez sentí que podíamos salir como algo más que simples follamigos — confesó Erika haciendo que Cameron levantara su cabeza con una expresión de asombro en su rostro — ¿Estás segura de eso Erika? — Ahora no tanto ya que te marchas, pero… — le tomó la mano que tenía libre acompañado el gesto de una caricia — … Si llegas a volver pronto, ¿me darías esa oportunidad? Cameron estaba sorprendido, después de tantos años no comprendía como Erika había desarrollado sentimientos por él en una noche, aunque posiblemente fuese algo que viniese de mucho tiempo atrás. No podía negar el hecho de que se sentía sumamente atraído por su compatriota, tenía todo lo que pedía el en una mujer e incluso más, pero sus sentimientos no eran tan grandes como los que ahora le confesaba Erika, sin embargo, Cameron nunca fue una persona de cerrarse a posibilidades y tenía claro que Erika era una mujer espectacular en todos los aspectos. — Si estás soltera cuando regrese, si es que regreso claro está… — indicó Cameron tomándole la mano con firmeza — … Tendremos nuestra cita, ¿te parece? — ¡Genial! — exclamó Erika levantándose de la silla tomando su plato ya vacío junto al de Cameron — Debo irme a trabajar y tu debes prepararte para tu nueva aventura — Así es… — Respondió el chico poniéndose de pie también acercándose a Erika por atrás, sus intenciones eran diferentes esta vez Poco a poco la arrastra hasta la mesa de la cocina nuevamente, las lenguas trabadas, intercambiando salivas y gemidos. Erika palpa la entrepierna de Cameron y le agarra el paquete. La carne dura y caliente palpita dentro de los pantalones. Ella la frota arriba y abajo, apretando la palma de la mano allá donde presume que está el glande. Cameron le ha sacado uno de los pechos por el escote de la blusa. Erika tiene el pezón muy gordo y a él le encanta chuparlo con fuerza. A veces le hace daño. — Quiero que me comas la polla, puta. Erika deja de acariciarlo. Nunca la había insultado así de la nada. Ni siquiera durante los juegos eróticos. La pilló desprevenida y no sabía cómo reaccionar. — ¿Por qué te paras, zorra? Sigue magreándome, joder. Erika le golpea en la cara con la palma abierta. Nunca le había golpeado a Cameron. Éste sonríe con lascivia y con una mirada de morbo tan ardiente que dejó a Erika totalmente desarmada. — Pégame otra vez, puta de mierda. Erika, jadeando, le vuelve a cruzar la cara con fuerza. En seguida se arrepiente, pues intuye que se ha excedido cuando ve la marca de sus dedos en la mejilla de Cameron. Pero éste le responde estampándole un beso de fuego en la boca, forzándola a que abra los labios para meterle la lengua. Ella esta confundida. No sabe que le pasa a Cameron, a qué viene este furor desenfrenado y esas palabras tan soeces. Quizá esta era la manera de despedirse de ella. La mano de él se introduce entre sus muslos. — Cariño, tienes el coño chorreando. Ves como eres una puta. — Quieres hacer el favor de no llamarme más eso. — ¿El qué? ¿Puta? Pero si eso es lo que eres. Mi puta. — Cállate… Los dedos de Cameron exploran el coño de Erika bajo las bragas, extrayéndole los jugos con la yema de los dedos y repartiéndolos por toda la vulva. — No. Eres tú la que se va a callar. Eres mi puta y harás lo que te diga. Poco a poco Erika va comprendiendo el juego de Cameron. Tanto tiempo juntos como follamigos y al fin Cameron se libera: está realizando una de sus fantasías. ¿Cuánto tiempo habrá estado gestándose en su cabeza sin atreverse a contársela? ¿Cuántas veces habrá intentado ponerla en práctica sin llegar nunca a realizarla por miedo a ser rechazado por ella? Oh, qué tontos son los hombres. Ella hubiera aceptado gustosa cualquier cosa por él. Los hombres son tan elementales. Con una sonrisa mental, Erika acepta el juego que al fin Cameron se ha decidido a poner en práctica. — Vale. ¿Qué quieres? Cameron saca una mano pringosa de entre los muslos separados de Erika y le acaricia el rostro con ella, metiéndole los dedos dentro de la boca, restregando sus flujos vaginales por la cara, por la frente y por el pelo, que agarra con fuerza. — Sácame la v***a del pantalón. Erika se inclina para obedecerle. Su pecho libre se balancea en el aire mientras ella se afana en desabrocharle el cinturón. De repente siente un tirón del pelo que la obliga a alzar la mirada. — Mírame a los ojos. No dejes de mirarme. Usa el tacto para lo demás, pero no desvíes la mirada. Quiere ver tu hermoso rostro de puta irlandesa. Ella se muerde el labio inferior conteniendo un exabrupto, algo que logra al ver la expresión de su mirada: nunca había visto una pasión y lujuria tan intensa en su hombre. Al fin la v***a sale de su prisión, danzando en el aire brevemente. Él adelanta la cadera al tiempo que vuelve a tirar de su pelo, aplastándole la polla contra la cara, restregándole los cojones por la barbilla y la boca. Erika siente el terrible calor de la v***a en su rostro. — Abre la boca. Erika obedece sin dejar de mirarle a los ojos. El glande frota el paladar de Erika y recorre el interior de su boca hasta la entrada de la garganta. El roce de los dientes molesta a Cameron, pero no le importa. Mantiene su v***a dentro un buen rato. Poco a poco ella empieza a agitarse, intentando separarse, pero la mano de Cameron la retiene por el pelo. Al momento Erika empieza a toser con la polla dentro metida dentro. Los espasmos se transmiten a la v***a. — Diooooooossssshhmmmmm… — gimió Cameron. Cameron libera a su hembra. Ella tose y escupe sobre la barra de carne que acaba de salir de su boca. — Buena chica. Abre la boca otra vez. Ella jadea con fuerza, respirando por la nariz un par de veces antes de volver a abrir la boca. Cameron le vuelve a meter su virilidad dentro de ella. Esta vez la agarra de la cabeza con ambas manos. Despacio, muy despacio, balancea las caderas, dejando que su polla entre y salga de la boca de Erika, apretando ligeramente una de las mejillas para sentir la cabeza redonda del glande en la palma de la mano a través de la piel de la mejilla. Erika respira con fuerza por la nariz y el aire que expele por sus orificios nasales golpea la polla, quemándola. Cameron lanza un gemido ronco cuando lo nota. Mientras, la lengua de Erika se esfuerza en palpar la parte inferior de su pene, algo que logra a duras penas ya que la polla de Cameron tiene un grosor considerable y le llena toda la cavidad bucal. Mientras le folla la boca ella se toca la entrepierna. Allí descubre con sorpresa que sus bragas parecen que las acaban de sumergir en un baño de aceite caliente. Se palpa la vulva y comienza a frotarse la parte superior del coño, justo encima de la zona del clítoris, que ya está terriblemente hinchado. Cuando jadea, los gemidos son ahogados por la carne que tiene dentro de la boca. A pesar de haberle hecho incontables mamadas a su hombre, nunca la había tenido tanto tiempo dentro de su boca. Por primera vez siente cómo la sangre late dentro de las venas gordas e hinchadas que rodean el pene. Lo nota en su propia lengua. — Pero que grandísima puta eres. Dios, deberías verte ahora mismo. Erika gime en su polla mientras se mete dos dedos en el orificio de la v****a. Cameron le extrae el pene y un surco de babas y saliva gotea desde los labios de Erika hasta la punta de la polla. — Saca la lengua. Ella obedece y Cameron se inclina sobre ella sin dejar de menearse el rabo, le escupe en la boca y a continuación le mete la lengua dentro, hasta el fondo, robándole el aliento, aspirando con fuerza, chupando la lengua de Erika y atrapándola entre sus dientes para tirar de ella. Erika siente como los jugos segregados por el coño le chorrean por la muñeca. Hace rato que se ha arrancado las bragas de un tirón, rompiéndolas, y ya tiene tres dedos metidos en su interior. Se está follando como un posesa. Sus lenguas se entrelazan, mordiéndose mutuamente, gimiendo en el interior de cada garganta. Cameron la agarra del cuello y la obliga a ponerse en pie. La empuja con fuerza y la tira encima de la mesa. Le mete las manos dentro de la blusa y se la abre con un tirón, rasgando la tela y arrancándole varios botones que caen rodando sobre el suelo de la cocina. Le agarra el sujetador con ambas manos y se lo parte de un tirón. Los pechos de Erika vibran en el aire, los pezones altivos presumiendo de su libertad apuntan al techo tiesos y regordetes. Están rodeados de unas hermosas aureolas cuya vista enerva la sangre de Cameron. En ningún momento ella ha sacado sus dedos del interior de la v****a. Él le separa las piernas y contempla con avidez cómo su mujer se está taladrando el coño con rabia, con las bragas rotas colgando de uno de los muslos. Cameron agarra a su mujer de las piernas, la atrae hacia él y se las levanta separándolas al mismo tiempo. Con una mano se agarra el m*****o erecto, mojado y lubricado con la saliva de Erika y lo dirige hacia la zona que hay debajo del coño, apuntando al ano. El pequeño y oscuro agujero está impregnado con las babas que refluyen constantemente de los pliegues de la raja. Se escupe en la otra mano y le esparce la saliva por el ojete, mezclándola con los efluvios vaginales. —Te voy reventar el culo a pollazos. —¡Sí, hijo de puta! ¡Reviéntame el culo, pedazo de cabrón! Cameron aplasta el glande contra el estrecho agujero de Erika. Ésta no ha dejado de masturbarse y el ruido que hace el chapoteo de su coño inunda toda la cocina. El olor a sexo y sudor lo invade todo. Cameron se afana en meterle el rabo por el culo, empujando despacio, pero sin detenerse. La saliva y el constante líquido que resbala por los labios menores ayudan a que la carne gruesa y enervada se abra paso por la estrechez cálida y prieta de Erika. Durante unos momentos parece que las fuerzas abandonan la virilidad de Cameron cuando la v***a se dobla, torciéndose visiblemente. Pero un movimiento oportuno de Erika vuelve a endurecerle el m*****o con renovada pasión: ella, percatándose del apuro de Cameron, ha dejado de masturbarse para ayudarlo, agarrándose las nalgas con ambas manos y tirando de ellas, separándolas al máximo al mismo tiempo que levanta aún más las caderas. Cameron responde con renovadas energías al contemplar como su mujer, emputecida al máximo, le ayuda a que le rompa el culo. Hinchando su v***a de sangre y fuego, empujando, dilatando a la fuerza el esfínter de Erika, lentamente la cabeza entra al fin por el diminuto hueco y un chapoteo sale del interior de las entrañas de su hembra. — Ahhhhhhhhhmmmm…. — gimió ella, que vuelve a restregarse el chocho, esta vez por fuera y muy despacio, acompasando el ritmo suave que Cameron le está dando a sus caderas. La estrechez del ano hace que el aire se escape con sonoridad del culo de Erika en cada movimiento de Cameron. El chapoteo constante de su mano sobre el clítoris se mezcla con la suave fricción de la penetración anal, los jadeos roncos de Cameron y la respiración agitada de Erika. Poco a poco la excitación hace que Cameron acelere los movimientos. Siente la presión de las paredes apretando su polla en toda su longitud. Erika, a su vez, nota cómo la corona del glande frota sus entrañas, deslizándose dentro de ella, resbalando por el interior de su vientre. Siente un ligero cambio en los movimientos de él y nota el cálido aliento de Cameron sobre su cara cuando este se inclina para besarla. Ella acepta con placer sus besos al tiempo que siente cómo una de las manos de él se posan sobre la suya, acompañándola durante su masturbación. Sus dedos se entrelazan, se confunden y al final ella saca los dedos de su interior para sustituirlos por los de él. Así, con la v***a dentro de su culo, los dedos de Cameron en el coño y los suyos propios acariciándose el clítoris y las tetas, Erika siente que el orgasmo está a las puertas. Cierra los ojos y aprieta los dientes, señal inequívoca de lo que está a punto de llegar. Él se percata y aumenta el ritmo de sus caderas, golpeando en cada embestida el culo de Erika con sus pelotas, hinchadas y cargadas de semen. Poco a poco los gemidos aumentan, el flujo y el sudor salpican el suelo, los golpes contra la mesa se hacen más fuertes, el bombeo constante de Cameron y las caricias de Erika se acompañan mutuamente hasta que Ella, con una serie de gritos apenas contenidos se desborda, apretando y aflojando el esfínter. Eso provoca una reacción en cadena sobre Cameron, que, con un estallido de fuego en la zona lumbar, descarga un chorro de semen dentro de ella, una fuente constante de líquido ardiente escupido con rabia. Al momento él cae sobre ella, abrazándola, besándola con amor, mientras ella, satisfecha y agitada se pregunta qué otras fantasías ocultas guarda en su interior este hombre, pero con un poco de nostalgia ya que posiblemente no lo vuelva a ver en mucho tiempo o quizá nunca más.
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