Las cosas se fueron acomodando de a poco y me estaba sintiendo mejor. Me encontraba entrenando duramente con la espada, las cosas fueron aumentando hasta el punto de ponerse muy salvajes, cosa que fue bastante complicada, casi no tenía descanso y entrenaba duramente cada día, pero ahora lo hacía con orgullo y me esforzaba por lograr todo de mi, ese era mi mayor deseo, mi mayor meta. —¿Estás entrenando duro? —Preguntó una voz muy conocida a la distancia. —Claro, muy duro como marfil —Contesté sonriendo mientras giraba con la espada extendida. —Ten cuidado, no te lastimes —Soltó el con mucha dureza y yo simplemente asentí. Miré a mi lado y el señor amargado estaba sentado junto a algo de comida, la tranquilidad con la que se encontraba era maravillosa y eso eso era absolutamente molesto

