¿Quién no está anonadada por su jefe?, Yo puedo decir que no frente a él, pero esta vez estoy frente a mí misma, así que tengo la libertad de escoger y responder con la verdad sin tener miedo a que él la descubra.
—Tu, yo, todo el piso—Respondí con una sonrisa enorme.
No mentía cuando decía que todo el piso, hasta podía asegurar que medio edificio estaba así por el gran jefe, aunque simple y sencillo nadie lo mencioné.
Mire el reloj por cuarta vez y recordé que no me había dicho la hora de la cena, ¿Estará esperando que adiviné?, Por algo me dio el resto del día y de seguro fue para que me aliarme y cuando el llegará solo fuera de irnos y nada más.
Me regresé donde estaba la ropa y me la coloque sin ningún afán, cuando ya había terminado de vestirme y solo me faltaban los zapatos, el timbre de la puerta sonó, claramente no sabía si era él o no, pero igual salí a pie descalzo a abrir la puerta, la sorpresa me la llevé cuando la avri.
—Buenas noches, señorita Hall—Comento serio.
Me jefe se encontraba demasiado elegante, ya a su lado parecería un trapo de mal gusto, ya que mi ropa es muy sencilla y casual.
—Buenas noches, señor—Respondi un poco cohibida.
El me miro de arriba para abajo, detuvo su mirada en mis pies y luego las regreso a mis ojos. No lo puedo creer que se quedará mirando mis pies descalzos, pero al menos ya se que ya llego y que ya es tiempo de irme, el único problema es que yo aún no estaba lista, me faltaba los zapatos y el perfume.
—Terminese de alistar y la espero—Comento tajante provocándome un escalofríos en mi columna.
Yo solo asentí y me regresé al cuarto rápidamente, me senté en la cama y me puse lo tacones lo más rápido que pude, lo siguiente fue más fácil; un poco de perfume, el bolso y las llaves. En cinco minutos me había terminado de arreglar para ir a la cena.
Cuando salí mi jefe estaba mirando las fotos que habían en la sala, ahí estaban: mi abuela, mi madre, mis hermanos y yo. Cuando me acerque el dirigió su mirada otra vez a mí, me examino de arriba para abajo y salió de departamento sin añadir nada más, yo me quedé unos segundos congelada, pero luego reaccione y salí cerrando la puerta con llave, el estaba a unos pocos pasos de la casa, cuando vio que ya estaba afuera abrió la puerta de adelante del carro y me hizo señas para que acercara y entrará, yo no dije nada y solo hice lo que me pidió, él dio la vuelta sin mucha velocidad hasta el otro lado y la abrió para poner el carro en marcha en dirección a la hermosa cena familiar, que sospecho y me dejara super cansada, pero como ¿No?, Si en un momento este hombre me dejó agotaba con su proposición de matrimonio, de seguro y su familia me dejara echa pedazos con sus miradas mal y comentarios de doble sentido.
¿Será mala idea?, Igual ya no me podía arrepentir, solo podía seguir adelante con lo que estaba haciendo.
El transcurso en el carro fue en completo silencio, yo no quería mencionar palabra alguna y él no parecía interesarle que habláramos mucho cuando ni siguiera se tomaba la molestia de decirme algo, al menos que estaba bonita o que me veía super mal, ni siguiera un alago de su parte, ni menos un muérete.
El transcurso fue lento y desesperante, ni siguiera sabía cuantos minutos habían pasado, porque sabía que el tiempo estaba pasando muy lento, tanto que puede que solo pasarán cinco minutos desde que salí de casa. Levanté el teléfono y mire la pantalla, cómo había dicho ni siguiera cinco minutos de haber salido de la casa.
El horrible silencio que había en el carro me extresaba, ni siguiera había música adentro para poder calmar el ambiente, solo dos personas tan grandes y maduras para no dirigirse la palabra.
—¿Para dónde vamos?—Decidi romper ese hielo incómodo que ya tenía.
—A la casa de mi padre, ahí cenaremos—Respondio sin ni siguiera voltear me a ver.
Yo no dije nada, ni siguiera lo voltee a mirar, solo me puse a mirar las calles de la inmensa ciudad, ya que ni siguiera hay una conversación a la cual prestar atención y compartir ideas.
¿Será así de ahora en adelante?, Tendré a alguien que no me dirija la palabra aparte del sexo, porque la última vez que tuvimos una conversación de más de dos diálogos, fue en el sexo, porque a lo otro no se le puede llamar conversación.
Mientras más me perdía en mis pensamientos, más sentía mi fracaso por a ver tomado esta decisión y pensar que ya estaba más que ubicada a lo que tenía planeado, pero debo acostumbrarme y buscar la manera de que dure poco tiempo.
Cuando el carro se detuvo regrese otra vez a poner los pies sobre la tierra, pude ver la inmensa casa de los padres de mi jefe. Solté un suspiro mientras Mario se bajaba y me abría la puerta del carro para que yo me pudiera bajar.
Necesitaba parecer lo más serena posible, no podía perder la compostura y quedar en ridículo o si no Mario Seymour me la haría pagar muy caro y más si es frente a sus padres.
—Ahors viene lo más difícil, debes soportar lo que sigue, solo no hagas cosas inapropiadas—Menciono agarrándome de la mano.
No sabía a qué parte difícil se refería, pero ya estaba bastante asustada sobre el asunto, no quería ni pensar todo lo que me esperaba en esa casa al convertirme en la esposa de cambio de mi jefe.
El agarró mi mano con fuerza antes de llevarme frente a la puerta y tocar el timbre.
—Solo evita socializar demasiado.
—¿Cómo hago eso?—Interrogue con una ceja levantada.
—No menciones que tuvimos...
Mario fue interrumpido porque la puerta se abrió repentinamente llamando nuestra atención.
Ahora no sabía si se refería a lo del hotel o a lo de la oficina, así que me tocará no mencionar nada.
—Buenas noches, joven Seymour—Dijo al empleada que había interrumpido a Mario.
—Buenas noches—Se limitó a responder.
La señora se hizo a un lado y ambos entramos a la inmensa casa, yo estaba demasiado insegura con lo que iba a pasar, estábamos hablando de la familia de mi jefe y no sé qué tan mal me lleguen a tratar.
—¡Mario!—Exclamo una mujer acercándose hasta Mario con los brazos abiertos.
—Britanny—Menciono el soltando me la mano y abrazando a la mujer que lo habia llamado.
Ambos se separó y al rato una señora mayor se acercó y también lo abrazó con fuerza. Yo me dediqué a estar quiera en silencio mirando la escena, sin inmutarme o presentarme.
—Me alegra que estés aquí, hijo—Dijo la señora que ahora podia identificar como la madre de Mario.
—Yo no, madre—Respondio el Mario intangible de siempre.
La señora dirigió su mirada a mí, me miro un instante y luego se separó de Mario para acercase a mí.
—Tu debes ser Natasha—Dijo la señora estirándose su mano. Se la recibi—. Encantada.